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Capítulo 1

Sé que no debería. Sé que debería sentir asco al pensar en sus manos sobre mí. Es un asesino. Es un psicótico. Me obliga a estar aquí. Y, sin embargo, no puedo apartarme. No puedo decirle que pare.

Los dedos de Sin se hunden más, jugando con el encaje que apenas cubre mi piel. Echo la cabeza hacia atrás, contra su pecho, con su arma aún clavándose en mi espalda. Mis ojos se posan en Arrows de nuevo. No se ha movido. Pero aprieta los puños a los costados. Y me pregunto cómo se sentirá tenerlo apretado contra mí, con Sin a mi espalda.

Dios, ¿qué carajo, María ? ¿Por qué permito que esto pase?

- Sé que estás mojada por mí, nena. - El pecado murmura en mi oído. - Mojada por nosotros. -

"Joder, estoy jodido", pienso mientras los dedos de Sin se deslizan bajo mis bragas.

Mi hermana tenía razón: salir de la ciudad durante unos días era exactamente lo que necesitaba.

No quería irme. Para nada. Quería quedarme para siempre. Vagando por donde la gente no tenía rostro ni nombre. Era mucho más fácil así. Quien dijo que la ignorancia es una bendición tenía razón... solo que no mencionó que no podía durar para siempre.

Al abrir AppleMaps, pulsé la opción de evitar las autopistas. Esperaba que los largos caminos rurales hicieran que mi estancia pareciera que no había terminado.

La realidad era una perra.

Mi teléfono vibró con un mensaje y miré dónde estaba en su soporte en el tablero. Mi asistente me envió un mensaje preguntándome a qué hora pensaba llegar mañana por la mañana. Pensé en sacar el teléfono del tablero y avisarle que llegaría sobre las 12 para ponerme al día, pero aún no estaba listo para hablar de trabajo. Así que reprimí el impulso y me recosté en mi asiento, observando en silencio cómo pasaba la hierba alta y beige.

Un poco más adelante, había una gran granja con una pequeña choza de madera al lado del camino que decía: - Miel casera - .

La miel era mi favorita. De pequeños, no teníamos dinero, hasta que mi madre se casó con Jared, y como no podía permitirse comprarnos chocolatinas, compraba palitos de miel.

Sonriendo al recordarlo, encendí la luz intermitente y entré en la granja. Aparqué junto a la cabaña y me bajé las gafas de sol. No parecía haber nadie allí. Al acercarme a la cabaña, vi que solo había un pequeño tarro para el dinero.

La gente del campo era terriblemente confiada.

Además del tarro de propinas, había tarros de miel fresca y una variedad de palitos de miel.

Estaba buscando algo que mostrara precios cuando oí el crujido de la grava. La mujer que se acercaba con dificultad era alta; al verme mirarla, sonrió y me saludó. Le devolví el saludo y me volví hacia ella.

—Hola —dice acercándose . Un gran sombrero de paja le cubría el pelo negro. Era difícil distinguir el color de sus ojos bajo el sombrero, pero eran oscuros. Era muy guapa. Quizás brasileña. —¿Podemos ayudarla ?

- Sí - Empujo mis gafas de sol sobre mi cabeza - Simplemente no estaba segura de cuánto dejar para esto. - Levanto el frasco de miel que agarré.

Ella agita una mano bronceada. —Lo que creas justo. —Sonríe de nuevo y me impresiona su belleza. Probablemente tenga unos cincuenta años, pero se ve increíble. El trabajo manual le había sentado bien.

Meto un billete de veinte en el frasco y le sonrío. —Gracias . Qué puesto tan bonito —le digo, jugando con el tarro de miel que tengo en la mano.

Me dedica una sonrisa triste y luego mira por encima del hombro. Sigo su mirada y veo lo que tiene en la cabeza. Un cartel de ejecución hipotecaria. Se me revuelve el estómago. —Gracias , cariño. ¿Eres de por aquí? —Me devuelve la mirada y se obliga a sonreír.

Aparto la vista del cartel. —No , más o menos —sacudo la cabeza, sintiendo que mis pensamientos se confunden—. Vivo en Sin City. Está a unas horas de aquí .

Ella asiente. - Lo sé - mira la miel y luego me mira a mí - Que tengas un buen viaje de regreso, ¿de acuerdo, querida ?

—Sí , lo haré. —Digo , sacando las llaves del bolso—. Gracias de nuevo .

Sus ojos se suavizan un momento y ella asiente, dándose la vuelta y regresando a su granja.

Regreso a mi coche, abro el coche y me subo al interior de cuero. Hacía calor desde que salí. Enciendo el aire acondicionado, salgo del aparcamiento y vuelvo a la carretera secundaria.

***

—¿Kelly ? —Mi asistente asoma la cabeza por la esquina. Su cabello rubio le cae sobre los ojos al asomar la cabeza por la puerta. Me bajo los lentes. —¿Puedes encontrarme la dirección de una granja en Olive que venda miel ?

Sus oscuras cejas se fruncen. - Probablemente haya toneladas... ¿Puedes darme algo más? -

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