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Julliete

Salí a la calle principal y respiré. Así es como ahora me encontraba, tres calles más abajo del restaurante donde William, el hombre del que llevo enamorada más de diez años, está festejando con su prometida. Había apagado el móvil después de la llamada número seis de él.

Tome un sorbo del líquido amargo en mi vaso, debería haber tomado un taxi para irme a casa, pero entonces, me hundiría en mi propia autocompasión, me bebería hasta la última gota de las botellas de costoso vino que había preparado de regalo de cumpleaños para William, que sería en menos de un mes,y con algo de suerte, no terminaría en un coma etílico. No… definitivamente, el panorama en mi departamento no era el mejor.

—Para una mala noche, es mejor el bourbon— una voz gruesa y profunda a mi lado llegó a mis oidos, un pequeño escalofrío recorrió mi columna. Di un sorbo largo a mi vaso y levanté la mirada para buscar al impertinente que creía, que no era capaz de elegir mi propia bebida. Entonces casi me atraganté con el whisky… tuve que levantar la cabeza para ver al imponente hombre, el cabello azabache largo hasta las orejas tenía un aspecto de despeinado sutil, la quijada cuadrada y los rasgos masculinos, sus ojos profundamente oscuros, intesos, encontraron los míos, tragué el alcohol.—¿Me permites invitarte un bourbon?— preguntó, y yo me tomé el tiempo de meditarlo, le di el último sorbo a mi vaso y lo dejé a un lado, ¿Era jodidamente guapo? Sí, pero eso no era suficiente para distraerme de mi miseria, aun así, no pude evitar preguntar.

—¿Por qué? —Cruce una pierna sobre otra en el taburete y lo giré suavemente sobre su eje hacia el desconocido, mi cabello castaño, liso, pasó sobre mi hombro en el movimiento, sujeto pulcramente en una alta coleta. La falda se me había abierto por la abertura del costado, dejando mis largas piernas cubiertas por las medias caladas a la vista hasta el muslo.

—Por qué quiero hablar contigo y creo que un Bourbon es un buen acompañante a la discusión qué pienso tener. — contestó, reí levemente ante su directa sinceridad.

—Sabes quien soy.— No era una pregunta, era un hecho del que me había dado cuenta. Su mirada no vaciló de la mía, serio, contenido, un depredador. Pero yo me servía depredadores como él en el desayuno.— Si quieres puedo darte el número de mi asistente y…

—Ya lo tengo. Pero resulta que no hay citas para ti, solo para el buffet y no tienes disponibles hasta en tres meses más. —señaló, y apoyé el codo en la barra para apoyar mi mentón en la palma en un gesto aburrido.

—Si estás tan desesperado para buscarme aquí, en un mal día, tratando de ahuecar en mi debilidad, es porque sabes que soy la mejor o estas profundamente desesperado— señalé sin bajar la mirada— no me disculparé por no tener agenda disponible.

—No espero que lo hagas, pero tampoco estoy desesperado, simplemente, me encapricho con lo mejor y tengo poca paciencia.— señaló. Lo estudié con la mirada unos segundos, se veía relajado y me había distraído de la mierda que pesaba en mi pecho, no quería llorar, no quería darle la razón a Nyree ni a Rogers por cada vez que me dijeron lo que iba a pasar y que en realidad, si había pasado— Puedo ser tu oído si tú eres el mío.

Desvié la mirada hacia mi vaso vacío mientras una risa sin gracia salía de mis labios.

—Si has investigado sobre mí, sabes que no he tomado casos de forma individual hace un tiempo, no lo necesito.— señalé— y los que tomo, son para compromisos de la firma

—Es cierto, pero sé que te interesará, este es el tipo de casos que representabas en el inicio de tu carrera, para ser tan buena en ello, debe existir pasión y no necesito conocerte o investigarte para saber que no haces lo que quiere la firma o alguien más, actúas por interés propio, algo debe moverte y eso va más allá de la participación en un buf fe.

Lo escuché curiosa, la gente solía malinterpretarme, subestimarme, en la firma me había ganado el apodo de “la roca” según los pasantes, era tan dura como fría y es que nada podía distraerme de mis ambiciones.

—Me gustaría saber tu teoría, si te acercas a la realidad, aceptaré ese bourbon, lo beberé despacio mientras escucho la razón para todo esto.— señalé y él asintió, se tomó unos segundos para responder, nunca quitó sus ojos de los míos, mis muslos se apretaron en la angustia ansiedad de la espera.

—William Pensy… — Se me heló la sangre, tuve que usar todo mi autocontrol para no reaccionar.— Y Rogers Smith, poca gente sabe que fueron compañeros de universidad, fundaron B&T juntos desde la universidad. No es porque la firma te impida trabajar de forma individual, es porque le dedicas más a este proyecto, que para ti es más personal, que cualquier otra cosa.

Casi… El sujeto no había estado cerca ni lejos. La verdadera razón era William, él no había querido contratar un abogado para nuestros propios temas legales, objetando que era innecesario porque yo era la mejor y era verdad, pero el tiempo no me alcanzaba para además, tomar casos individuales, casos en representación de la firma y nuestra propia legalidad. Así que, renuncié a ejercer en solitario porque él me había pedido que me hiciera cargo… Menuda idiota. Desvié la mirada unos segundos.

—Sin hielo. —exigí

Una comisura de sus labios se curvó hacia arriba y uno de sus mechones cayó sobre su ojo, evite la nueva necesidad de extender mi mano y retirarlo de su rostro. Él pidió el trago y lo dejaron en frente de mí. Di un pequeño sorbo, era más dulce que el whisky, si era un buen acompañamiento para una mala noche.

Él abrió la boca para hablar, pero aquella voz, ahora amarga, lo interrumpió y en mí, provocó que se me tensara cada músculo del cuerpo.

—¡Jull!—William apareció por mi espalda y se puso en frente de mí— me preocupaste, te marchaste sin decir nada…— dijo y puso su mano mi cara, en una suave caricia, mi mandíbula se tensó y sentí el doloroso golpe en la boca del estómago. El nudo comenzando a formarse en la garganta.— Martina compartió una foto en Alaska en Instagram, dudo que haya volado hasta aquí en solo cuestión de minutos. — dijo y yo me obligué a retirar mi rostro de su mano en un movimiento brusco, lo noté tensarse.—¿Por qué mentiste?

—¿Cómo sabías que estaba aquí?— pregunté, mi tono duro y sabía que mi expresión era igual.

—Rosse Jones te vio entrar al bar cuando fue a comprar cigarrillos —¡Maldita vieja chismosa!, Siempre de cotilla al pendiente de todos, la detestaba. Pero, era una increíble contadora.

Un ruido seco de garganta, había olvidado la presencia de … Mierda… ni siquiera sabía su nombre. Tragué duro, no quería dar explicaciones. William se dio vuelta hacia el hombre dando un paso atrás para no darle la espalda a ninguno.

—Nuestra habitación está reservada, cariño.— Casi me atraganté ante el apelativo mientras daba un sorbo al vaso.— nuestra noche recién empieza.— señaló y tomó el vaso de mi mano para dejarlo en la barra, hizo una señal al barman y le dejó un billete en la mesa— para lo mío y lo suyo. — le ordenó al chico y este asintió.

—¿Y tú eres…? —un tono claramente cabreado… Si será caradura…

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