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Capítulo 9

¡OH, SANTA PERRA!

¡No, no, no, no!

¡Otra vez no, por favor!

—Chicas no hay tiempo, tienen que correr. ¡YA!

Empezamos a correr como locas, sin un destino concreto.

Lo único que tengo en mente ahora es alejarme lo más posible de él.

Entonces, ¿cómo diablos se enteró de que estoy en el bosque?

Seguramente alguien nos habrá visto y se lo habrá dicho.

¡Mierda!

¡Juro que lo mataré con mis propias manos!

Corro. Corro tan rápido como puedo.

Gotas de sudor comienzan a formarse en mi frente y por todo mi cuerpo.

Poco a poco estoy empezando a perder el aliento.

Siento un ardor intenso en las pantorrillas, el estómago y la garganta.

Siento todo mi cuerpo en llamas.

No puedo dejar que el cansancio me venza.

Si me atrapa, sólo Dios sabe lo que me hará.

—Giulia, cariño, no tiene sentido que intentes huir de mí, ¡porque ahora me perteneces!

Lo oigo cada vez más cerca.

¡Maldita sea, se está acercando tan rápido!

—Princesa, te prometo que no te haré daño. Solo quiero protegerte de esa gente peligrosa.

¡¿Y tú no eres peligroso?!

Las lágrimas comienzan a formarse en mis ojos.

Casi lloro, estoy a punto de dejarme vencer por el dolor y el miedo que me consumen.

¿Por qué tuvo que ser así?

¿Por qué siempre tiene que haber tanto sufrimiento en mi vida?

¡Tengo que volver con mi madre cuanto antes!

No puedo dejarla sola.

Ella ya perdió a mi padre, no puede perderme a mí también, no puedo permitírmelo.

Sólo pensar en ello hace que las lágrimas comiencen a caer.

Siento las gotas corriendo por mis mejillas, pasando por mis labios hasta mi barbilla.

Siento su sabor salado mojando mis labios y mi lengua.

El sabor salado me llena la boca.

Mis piernas siguen corriendo más rápido de lo que creía posible.

Siento como si llevara un maratón entero a la espalda.

Mis pulmones arden y me exigen aire. Necesito parar unos minutos.

Me detengo cerca de un árbol e enseguida miro hacia atrás para asegurarme de que no haya nadie detrás de mí.

También perdí de vista a mis amigas.

¡MIERDA!

Espero que estén bien y que no las atrapen.

—Princesa, lamento darte esta mala noticia, pero, por desgracia para ti, tus amigas han sido capturadas.

¡Joder!

¡Mierda!

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