Capítulo 5
—Lo siento, no entendí. ¿Qué dijiste?
—Princesa, no necesitas fingir conmigo. Sé perfectamente que entendiste lo que te dije.
¡¿Pero qué carajo quiere y cómo se atreve a llamarme princesa?!
—Disculpa, pero de verdad no entendí lo que me dijiste hace un momento. —Y aún así lo sé perfectamente, pero trato de evitar querer darle una bofetada tan fuerte que le haga ver luciérnagas.
Pero no quiero correr riesgos, sobre todo con desconocidos que podrían resultar ser asesinos o, peor aún, psicópatas.
—Está bien, fingiré que no lo escuché. De todos modos, princesa, ¿te gustaría ofrecerme un baile? Te agradecería mucho que aceptaras —durante todo este tiempo no ha dejado de recorrerme con la mirada.
Me está examinando de arriba abajo y quiero enterrarme lo más rápido posible.
Me da mucha vergüenza, me gustaría desaparecer de esta faz de la tierra.
—Lo siento, pero no puedo. No lo conozco y luego estoy esperando a mi due…
—No te preocupes por tus amigas; están en compañía de mis dos hermanos, Kirill y Anton —dice interrumpiéndome.
—Entonces, princesa, ¿aceptarás mi invitación? Sólo este baile.
¿Por qué demonios no se larga?
Esto realmente está empezando a irritarme.
—Que mis amigas acepten divertirse con sus hermanos no significa que yo también haré eso —digo con un poco de acidez en mi voz.
—Veo que eres una chica dura y muy testaruda, princesa.
Vale, basta.
Ya tuve suficiente.
Ya es hora de ponerlo en su sitio.
—Primero: no soy tu princesa y nunca más te atrevas a llamarme así. Segundo: no sé quién eres ni quién crees que eres, pero no estoy interesada en ti ni en bailar contigo.
Y tercero: ¡diles a tus queridos hermanos que dejen en paz a mis amigas! Tenemos cosas más importantes que hacer que perder el tiempo con niños mimados como vosotros.
Uh… era de verdad necesario.
Ahora me siento mucho más libre.
—Por supuesto. Ha quedado clarísimo, señorita. —Por suerte alguien que entiende sin que usted lo repita una segunda vez, aunque no me lo esperaba de él.
—Pero verás, princesa, sólo hay un pequeño problema… —¡Oh, no!
Dios por favor dime que escuché mal.
—¿Perdona? No entiendo —respondo, cada vez más asustada.
—Ella está ahora mismo en uno de mis hoteles y aquí todos siguen mis reglas. Si decido no dejarte salir, no podrás hacer absolutamente nada. Ni tú ni tus queridas amigas. Y si llamas a la policía, perderás el tiempo, porque todos trabajan para mí, bajo mis órdenes.
No termino de entender adónde quiere llegar, pero sé que no me va a gustar ni un poco.
¿A quién carajos tengo delante?
¿Un asesino?
¿Un asesino en serie?
¿Un narcotraficante?
¿Un mafioso?
No lo sé, hay un millón de preguntas rondando por mi mente en este momento.
—Y por último, princesa… eres mía desde el momento en que puse los ojos en ti —dice mientras me mira directamente a los ojos, acompañado de una sonrisa jodidamente pervertida en su jodido rostro.
¡¿Qué carajo acaba de decir?!
¿Soy suyo?
No soy un puto objeto, un trofeo.
¡Soy una persona con dignidad!
Y ciertamente no me dejaré vencer por esta escoria humana.
—¡Nunca más te atrevas a hablarme así! ¿Quién te crees que eres? ¡Eso es grosero!
Creo que mi cara se ha puesto roja de ira y mis oídos humean como una locomotora en pleno apogeo.
—Respuesta equivocada princesa. Ahora tú, como una buena chica, ven conmigo a la pista y baila —lo dice con tanta calma y frialdad que me asusta.
Lo veo acercarse a mí y de repente siento algo duro y metálico presionando contra mi costado.
Agacho la cabeza y… ¡no lo puedo creer!
