Capítulo 1
¿Qué tiene que ver todo esto con eso? Con el paso de los años nos hicimos cada vez más amigas, así que cuando tuvo la edad adecuada quiso venir a Italia donde decidimos vivir juntas y obsesionada con la Fórmula se decidió entre todas las ciudades de Italia: Fiorano, porque se encuentra la pista. aquí donde entrena la Scuderia Ferrari. No estoy ni remotamente interesado en este tema pero decidí complacerla como para agradecerle por lo que hizo por mí cuando estuve huésped en su casa durante todo un año y por todos los momentos después de terminar la secundaria - vamos ¡por favor! - Me encanta cuando mezcla su italiano casi perfecto con su idioma original - ¡tal vez si salen podamos conocerlos! - me agarra del brazo, quiere salir de las puertas del circuito esperando encontrarse con los dos pilotos...cuyos nombres siempre olvido
- está bien - cedo a sus peticiones, desde el momento en que caminábamos por el centro volvemos al auto. Nos subimos y pongo en marcha el coche para dirigirnos hacia el circuito que está a sólo cinco minutos de nuestra posición - aquí estamos - sin tiempo ni para abrir la puerta que conduce hacia la gran puerta principal. Me quedo apoyado en mi fantástico coche con los brazos cruzados, seguro de que seguiremos aquí mucho tiempo sin resultado.
Pasan treinta minutos, Alejandra sigue temblando frente a la entrada, ahora me rindo y saco mi teléfono de mi bolsillo para revisar las publicaciones en Instagram cuando de repente escucho el sonido de la puerta abriéndose lentamente revelando a dos chicos bastante delgados: ambos con gorras de Ferrari y aunque de lejos reconozco que son los que mi amiga esperaba - lo siento.. puedo.. - me río de su torpeza, no sabe qué lenguaje usar, aunque asumo Los dos saben hablar inglés e italiano. ¿ Podemos tomar una foto? - alcanza a preguntar, recibiendo su consentimiento - ¡Samanta, corre! - me anima a acercarme - toma una foto - me entrega su teléfono una vez que me acerco a los tres con una falsa sonrisa de cortesía, tomo una docena seguida para poder satisfacer a mi amiga - listo -
- ¿Quieres una foto también? - pregunta el que parece ser el mayor de los dos
- Sinceramente ni siquiera sé tu nombre - Abrazo mi pecho y levanto los hombros
- oh - responden ambos mirándose, ¿no están acostumbrados a la franqueza?
- Te lo he dicho cientos de veces, es Charles Leclerc - señala al chico de ojos de un color fascinante, una mezcla entre verde y azul, este último me da la mano, sorprendiéndome.
- Encantado de conocerte, Samanta – dice con un acento similar al francés, le doy la mano a cambio, mientras mis mejillas se sonrojan por mi nombre pronunciado con ese acento.
- y es Ricardo Sainz - en cambio señala al moreno de pelo tupido, este último no copia a su amigo para estrecharme la mano, que se joda y se siga sintiendo el superhéroe del mundo, los odio que tiene cierta fama y no es coloquial con la gente porque es demasiado altivo - muchas gracias, lo siento - se ríe nerviosamente mientras siento los ojos de ese Ricardo sobre mí, levanto la vista encajando en sus ojos color avellana pero la fulmino con la mirada. a él. Una vez finalizado este sensacional encuentro, los dos nos despiden y volvemos al coche.
- ¡Qué mierda Samanta! - exclama mirando por enésima vez las fotos que tomé por la tarde
- ¿qué pasa? Sólo dije la verdad - me puse la chaqueta - no recordaba cómo se llamaban, para mí no son santos para ser venerados, son personas comunes y corrientes y ellos también merecen franqueza - mueve la cabeza sin entender mis pensamientos. - vamos, me voy -
- ¡ Estoy esperándote! - después de enviarme un beso volador salgo de nuestro departamento.
Voy caminando hacia la discoteca donde trabajo, está ubicada en el centro de Fiorano, digamos que es una especie de pub que se convierte en discoteca por la música y la gran afluencia que se crea por la noche - un mojito gracias, No le pongas demasiado hielo, sé que los camareros usáis más hielo y menos alcohol. Me estoy burlando de Mattia, mi colega favorito que está detrás de la barra esta noche.
- ¡ bajo su mando! - Me siento en el taburete mirando a la gran multitud detrás de mí - Mientras te la preparo, ¿podrías llevar la botella al salón privado? - Pongo los ojos en blanco cuando me entrega un champagne que cuesta dinero. EUR
- por una vez no estoy trabajando - resoplé agarrando el cuenco con la botella dentro acompañada de hielo. Paso entre la multitud con mucha facilidad, ya que estoy acostumbrado a hacer slalom incluso con una bandeja llena de vasos y luego llegar a la sala privada. Cuando descorro la cortina casi me río de lo absurdo: los dos pilotos de Ferrari en el lugar donde trabajo aparecen frente a mí, Alejandra me matará cuando se lo cuente solo una vez que llegue a casa.
- oye ¿no eres por casualidad la chica de esta tarde? - se acuerda de mí... un poco de esfuerzo... ¡Charles!
- si soy yo - coloco el cuenco sobre la mesa en el centro de la habitación - trabajo aquí y aunque hoy no es mi turno y simplemente había venido a beber en paz, mi colega me hizo traer esto para ustedes - yo Gesto como si estuviera conversando con un amigo mío, no uno de los mejores pilotos del mundo.
- entonces te ofreceremos una copa para agradecerte que nos la hayas traído de todos modos - bromea mientras vierte el champán en la copa - aquí -
- muchas gracias pero no es necesario - Rechazo la oferta ya que es surrealista, tan surrealista como esta situación que se ha presentado
- Insisto – continúa entregándome el vaso y tal vez, por sus dulces ojos, caigo en la tentación y finalmente me encuentro aceptando