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Capítulo 9

La entrevista comenzó con calma, Juan trató muchas veces de calmar mi nerviosismo mientras me hacía preguntas a las que respondí todas, me alegré cuando sonrió al final de mi respuesta. La entrevista duró unos 45 minutos, lo que me permitió respirar hondo al final y dejar escapar parte de mi nerviosismo.

—Los otros candidatos ya fueron entrevistados ayer y hoy fuiste el último de ellos. Los resultados de quién estará con el cargo de secretario personal salieron hoy, al final de la tarde. “Mire por última vez mi currículum donde tuvo que escribir algo y guardarlo en su cajón. "¿Qué tal si me acompañas a almorzar?"

Muerdo mi labio nerviosamente.

Ya conocemos a Genesis. Vamos.

Suspiro, incapaz de decirle que no.

Juan se levanta, se pone el abrigo y yo me levanto de la silla sintiendo un dolor absurdo en el pie derecho. Me lastimé la cara y respiré hondo.

- ¿Hay algo mal? – pregunta estudiando mi rostro.

Niego con la cabeza, salgo junto a la silla, trato de cojear mucho para no hacerle entender que me duele el pie y me dirijo a la puerta.

—Te duele el pie y no dices nada Genesis López. “Habla enojado y me llama por mi nombre y apellido como papá cuando está enojado conmigo. En unos segundos ella ya estaba en su regazo y poco después colocada encima de su sofá gris que estaba apoyado contra la pared de vidrio de su sala. — ¿Qué pie te duele?

“Solo duele un poco, no es nada. - Yo miento.

-¿Qué es el pie? Trago saliva cuando sus ojos feroces se encuentran con los míos.

- Derecha.

Juan me quita el zapato de tacón del pie derecho, se agacha y comienza a inspeccionar mi pie, tocando levemente la parte dolorida del hueso, gimo de dolor.

— ¡Mierda! ¡Todo culpa mía! - Apretando entre los dientes.

"No es..." Me interrumpe, dejando de juguetear con mi pie y poniéndose de pie.

"Sí, y te llevaré a mi cama y llamaré al médico para ver tu pie". Mis ojos se abren cuando escucho las palabras 'Mi hogar'. ¡Voy a tu casa! No, no quiero, no puedo dejar que me lleve a tu casa. ¿Qué pensará la gente de nosotros? ¡Oh no! Cuando ella iba a estar en desacuerdo con él, él se da cuenta y continúa la frase.- No hablas mas de eso.

"Señor Marc..."

“Juan, llámame Juan. – preguntó mientras sacaba su celular de su abrigo.

Será mejor que vaya a casa de tu prima y eso se irá más tarde. Has hecho mucho por mí estos días. — Me siento en el sofá bajo la mirada de Juan que tenía el celular pegado a la oreja. Fingí que no miraba y volví a ponerme los zapatos, agarré mi maleta, me levanté y caminé hacia la salida fingiendo que no me dolía el pie.

— En 5 minutos en mi casa, Doctor, Urgente. Murmuro con su voz ronca y ni siquiera un tono ordenado. Abrí la puerta y salí de la habitación, me despedí del empleado. Mis pasos eran lentos mientras caminaba por ese largo pasillo, había tanto silencio en ese ala que podía escuchar pasos fuertes y rápidos detrás de mí. ¡Mierda! — Es mejor parar, señorita López. Tragué saliva, escuchando su voz justo a mi lado dejando mi cuerpo inmóvil.

-Yo estoy bien. ment sin volverme hacia l. - Hasta luego. - digo y vuelvo a caminar nerviosa.

—No tendrá otra opción, señorita López. — Me giro para preguntarle qué quiso decir con eso, pero tengo poco tiempo para preguntar, me levanta como si fuera un saco de papas y me ponen sobre su hombro.

¡No puedo estar pasando por esto! No puedo creer que sea un tonto como su primo.

“Me bajaron, Juan. ' mascullo, dándome la maleta en su espalda.

-¡No! Te voy a llevar a mi casa y cuidar ese pie que se te está hinchando.

-Yo estoy bien. -Mintió. Quería que me tumbara en el suelo y se dejara ir a casa. "¡Joder, bájame ahora mismo!" — Lo envié viendo que ya estábamos dentro del ascensor.

No dices modales. Me golpeó lentamente en la nalga derecha dejándome con la boca abierta.

¡Él me pegó!

—Tú... ¡Me golpeaste!

“No estaba espantando la mosca que se te quedó pegada en la nalga.

¡Lo que es un bastardo! ¡Qué tonto!

"Tú... Grrrr".

En unos segundos estaba en el suelo con la espalda contra la pared y con Juan delante arrinconándome. ¡Dios mío, qué va a hacer este loco! Su rostro estaba cerca del mío, su aliento golpeaba contra el resto de mí dejándolo con la piel de gallina, sus ojos estaban fijos en los míos pero a veces miraba mis labios entreabiertos y yo hacía lo mismo, sus labios también estaban abiertos. Sus labios estaban a unos centímetros de los míos, un calor de cuna crepitaba en ese ascensor. ¡Besame! Déjame sentir tus labios junto a los míos y... ¡OH DIOS MÍO DE QUÉ ESTOY HABLANDO AQUÍ! NO ESTOY BIEN.

—Tú vas a mi casa aunque no quieras, tú vas. El médico verá ese pie y te quedarás ahí para que yo te atienda porque fue mi culpa que tu pie estuviera en ese estado. Por favor, deja de ser complicado y terco. - Dice con su tono ronco tomando una de sus manos que estaba al lado de mi cabeza para hacer una caricia seductora en mi mejilla.

“Yo…” Estuve a punto de comenzar a hacer mi pequeño discurso diciendo que no necesito estar bien, pero no tuve el coraje de decirlo porque su mirada feroz me hizo sumisa a él.

“Gracias por no complicarlo, ángel. - Sonrió y acercó sus labios a los míos, cerré los ojos esperando sus labios sobre los míos, pero no los sentí, abrí los ojos y sentí sus labios tocar mi frente.

¡Dios mío, soy tonto! El dolor en mi pie debe estar afectando mi cerebro para querer que me bese, cuando cerré los ojos esperando el beso yo... olvidé todo en mi vida fue como si una escoba hubiera barrido todos mis recuerdos de mi cabeza .

-Tenemos que ir. — Me informa y me toma en sus brazos saliendo enseguida del ascensor.

—Pues... tienes mal el pie, lo que significa que para recuperarte tendrás que descansar unos días y ponerte la pomada que te recetaré. - comenta, levantándose del sofá de la sala donde estaba recostado. — Y no te olvides de poner hielo para reducir la hinchazón

Algo más es suficiente, pienso para mis adentros.

"¿Estás seguro de que no está roto, es solo que está muy hinchado?" - Juan cruza los brazos sobre su musculoso pecho mirando con las cejas juntas al médico quien le dirigió una mirada "Eres médico por el caso".

—En la articulación, el pie también está hinchado y si se hubiera roto el pie, no lo podría mover. -Explique. El médico abre su maletín, saca una libreta y escribe en la hoja, luego se la da a Juan: — Es la pomada que tendrás que comprar para que se ponga tu novia.

¿Novia?

¡NOVIA!

Donde este viejo tiene la cabeza.

-¡No soy tu novia! - refunfuño sentándome en el sofá sin sacar mis piernas estiradas del sofá.

—Oh, lo siento, tenía un anillo al principio…

-Perdóneme. - digo rápidamente moviendo mi mano para que salga de allí lo más rápido posible.

a comprar el ungüento para mi mujer , y ahora le vamos a saldar la cuenta de lo que le debo dejar. — Le habló tranquilamente al doctor quien asintió, recogió sus cosas y salió de la habitación seguido de Juan quien antes de irse me guiñó un ojo.

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