Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capítulo 1

El día que nacieron mis hijas gemelas, mi marido se casó con otra mujer. Vi la retransmisión en directo desde la camilla del paritorio. Dos millones de espectadores. Una catedral en Sicilia. Una novia de blanco que valía cuarenta millones de dólares en alianzas. Y ni un alma sobre la faz de la tierra sabía que el novio —Dante Moretti, el Don más temido de la Costa Este— ya tenía esposa.

Yo.

Todavía estaba sangrando cuando empezaron a llover los comentarios. Un rey y su reina. La boda de la década. Ella es la perfección.

Mis hijas estaban al final del pasillo, un kilo y medio cada una, peleando por cada respiración dentro de sus incubadoras. Su padre le deslizaba un anillo en el dedo a Camilla Russo para sellar un tratado de paz entre dos familias criminales.

Nuestro matrimonio se había sellado por otra razón. Tres años atrás, el abuelo moribundo de Dante reclamó una deuda de sangre: mi padre, ya muerto, había recibido una bala destinada al viejo, y la última orden del viejo Don fue simple: cásate con la chica, protégela, dale el apellido de la familia durante dos años. Dante obedeció como quien se traga una medicina. Juzgado. Sin testigos. Sin un anillo digno de mención. Un contrato, un acuerdo de confidencialidad más grueso que una Biblia y un cuarto de invitados en la tercera planta de una fortaleza de la que jamás pude salir sin permiso.

Durante tres años fui un fantasma en la casa de un rey. Comía sola. No existía en ninguna fotografía. Cuando me quedé embarazada —una noche de borrachera que él probablemente ni recordaba—, levantó la vista del escritorio y dijo dos palabras.

—Encárgate.

No lo hice.

Y ahora, con una vía en el brazo y el cuerpo abierto en canal, lo veía besar a su nueva novia mientras el mundo aplaudía.

El móvil vibró. Número desconocido.

Enhorabuena por la camada, fantasmita. Dante me pidió que te avisara: los papeles de anulación llegan esta noche. Fírmalos en silencio y podrás seguir respirando. — C.R.

Camilla Russo. La nueva reina. Mandándome amenazas de muerte desde su propia boda.

Algo se quebró dentro de mi pecho. No el corazón: a esas alturas ya era tejido cicatricial. Lo que se quebró fue la jaula. Tres años de ser callada, pequeña, invisible. Tres años creyendo que si era lo bastante buena, lo bastante silenciosa, quizá algún día él llegaría a verme de verdad.

Nunca lo haría. Porque Dante Moretti jamás se había preguntado quién era yo antes de que mi padre nos cambiara el apellido y huyera del viejo continente. Nunca preguntó por qué un Don agonizante cambiaría una deuda de sangre por una enfermera cualquiera con un préstamo estudiantil.

Nunca preguntó de qué huía mi padre.

Me sequé la cara. Marqué el número que había jurado sobre la tumba de mi padre que jamás llamaría.

Contestó un hombre en ruso. Le respondí en el mismo idioma, oxidado pero intacto.

—Dile a mi abuelo que su nieta ha dejado de esconderse —dije—. Dile que esta noche hay dos mujeres Volkov más en este hospital. Y dile lo que los Moretti nos han hecho a las tres.

Silencio. Después, una voz como grava e invierno, una voz que ponía nerviosos a los gobiernos y hacía que las Cinco Familias echaran el cerrojo.

—Aria —dijo mi abuelo—. Llevo veintiséis años esperando esta llamada.

Los papeles de anulación llegaron una hora después. Firmé todas las páginas sin leer una sola palabra.

Porque Dante Moretti creía que estaba desechando a un fantasma.

Acababa de declararle la guerra a la Bratva Volkov… y de entregarles a sus herederas.
Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.