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Ajuste

Conociendo el cielo

Hay momentos en la vida, dónde las circunstancias se presentan a tal velocidad, que necesitas demasiada agilidad mental para tomar el camino correcto.

Ese era mi problema en ese momento... Que no poseía esa cualidad para elaborar un plan de emergencia que incluyera una salida a toda máquina de la vida que me estaba esperando en casa, y con mi primo de polizón.

Además de que no sería capaz de dejar a mi familia en la calle, largarme a otro país y hacer como si nadie más que yo existiera... Eso sería de lo más egoísta que había oído, y desde luego no era una opción para mí.

— No digas tonterías Coolen — rompí el contacto visual y comencé a recoger mis cosas para irnos, ya no me apetecía seguir allí, hablando cosas sin sentido ni futuro — ya he tomado una decisión, he dado mi palabra y tengo al hombre con el que me voy a casar, en mi casa y deshaciendo las maletas.

Me levanté y el se veía un poco furioso. No era su costumbre estar así y desde luego, tampoco la mía presenciarlo.

— No haces nada porque en el fondo quieres estar con él y ser su mujer, te ha gustado el imbécil ese y quieres que te folle con frecuencia — gritó restregandome un dedo cerca de mi cara, dejándome completamente asombrada con su comportamiento violento.

Podía entender su preocupación por mi futuro al lado de aquel desconocido. Sabía también que era temperamental de vez en cuando. Y podía sobre todo, asimilarle cierto grado de celos de primo posesivo; pero lo que no podía ni quería permitirle, era que me tratara como a una puta y que sugiriera que estaba deseando acostarme con un tío, que no era de fiar según yo, que aún no conocía y que incluso, podía tirarmelo si quería y nadie podía extrañarse pues éramos pareja y mañana seríamos un matrimonio.

Le dí una cachetada a mi primo y se quedó medio atontado. No sabía muy bien si por mi acto o por su conducta.

Ni siquiera lo dejé que me dijera nada, pues salí de allí casi corriendo, furiosa y no me detuve hasta el auto, que al estar abierto me fue muy fácil sacar mis cosas de allí y ponerme la ropa afuera sin tener el cuidado de no ensuciarme de la arena que caía de mis pies.

Podía sentirlo gritar mi nombre, cuando, arrepentido por supuesto, se dió cuenta de lo que había hecho y trató de salir detrás de mí pero había que sacar el coche de allí y yo había decidido aprovechar ese detalle para distanciarme de él.

Había sido una pésima idea venir aquí con Coolen. Yo debía estar en mi casa, teniendo conversaciones productivas con mi futuro marido y no en la playa con un primo tóxico excusándome de cosas que no tenían excusa y que de tenerlas a él no era a quien debía darlas... Coolen no era nada más que mi primo y eso no le daba derecho a interferir en mis asuntos amorosos y menos en este, que involucraba el futuro de mi familia. Y la suya.

Por suerte no iba a ningún lado sin mi móvil. Busqué el mío y le pedí a Lorenzo que viniera por mí. Le mandé mi localización y me senté a la orilla de la carretera, sobre una piedra, a esperarlo.

Pude ver a lo lejos como Coolen sacaba el coche del sitio en el que estaba y retrocedía por el camino que habíamos utilizado para llegar a nuestra playa.

Siempre veníamos aquí, pues era apartada y justo por eso, teníamos que entrar el auto por una pendiente hasta casi la orilla de la playa pero la privacidad merecía la pena.

— Sube Samantha.

No podía creer lo borde que estaba siendo conmigo, cuando justo él había sido quien me había ofendido y no al revés.

Lo miré parado al frente de mis pies con el auto y negué con mi cabeza. No me apetecía hablarle.

Mi asombro solo pudo aumentar, cuando lo ví salir derrapando del lugar y dejarme los pies llenos de la tierra que levantó con las gomas, sin importarle como haría yo para salir de allí y sobre todo, sin importarle dejarme sola en medio de la nada.

Definitivamente a mi primo se le había ido la olla y yo no tenía ni el tiempo ni las ganas de llegar a conciliar nada con él.

Mirando hacia el suelo noté, que había una pequeña bolsa que se había caído de su Jeep, pues cuando puse mis cosas en el auto estaba allí y supongo que con todos el derrape que hizo, se calló por la parte de atrás.

Me agaché a recogerla y solo pude notar que dentro habían unos cuatro pomitos de alguna medicina y que se habían roto. 

Tomé un cachito de cristal con etiqueta del suelo y pude ver que ponía claramente,“ Homatropina”, que no sé para qué tendría mi primo algo así en su auto. Pero lo tenía.

Despedí a mi prima, que había salido a mi encuentro cuando supo lo que pasaba y que venía hacia mí casa con Lorenzo, me esperó en la entrada de mi casa y me preguntó cosas que no respondí, por lo que me contó que al parecer, no me había librado tan fácilmente de Aarón Stanley. Ahora lo tenía colgando perchas de ropa en mi armario, como si fuera suyo, aunque técnicamente lo era. Compartíamos herencia.

— ¿No podrías esperar a que nos casaramos para mudarte? — le pregunté nada más asomarme a la puerta de mi habitación, que ahora debía decir nuestra.

— Vengo de Londres, no puedes pretender que me quede en un hotel, cuando tengo casa propia, mucha propiedades y mi bella esposa sola aquí. Vengo para lo mío— dijo el muy idiota sin dejar de colgar su ropa en mi armario y de vaciarme gavetas que usaría para él. ¡Que bendita cruz!

No lo soportaba mucho. Bueno más bien nada. Era tan imbécil que repugnaba. Solamente mirarle la postura de engreído ya me irritaba y saberlo pagado de sí mismo me ponía mala. Pero mala mala.

— ¿No te parece surrealista que te vayas a casar en unas horas, vivas conmigo, tengamos tanto en común y ni siquiera nos conocemos?

Yo me había sentado en un sofá redondo en medio de mi vestidor y desde allí, veía como él, seguía acomodando su ropa y me pareció curioso que no llamara a nadie del servicio para hacerlo.

Crucé las piernas y me apoyé con mis codos sobre la piel desnuda de mis rodillas y todavía salada por el agua del mar.

— Puede ser — coincidió conmigo, acomodando corbatas en una gaveta — pero como no podemos llamar a tu abuelo para preguntarle la respuesta a tu interrogante, tenemos que improvisar sobre la marcha.

No se podía tener una conversación saludable y cordial con él. Evidentemente era un idiota y de los buenos. Imagino que ensayaba y todo para serlo aún más.

— A veces eres agotador — dije sincera y solté mi pelo, respirando profundo.

— Lo soy bastante. Me gusta agotar a las mujeres.

— ¿No sabes hablar son doble sentido? — pregunté manoteando para él.

— Mira muñeca — y dale con el muñeca, me molestaba que me llamara así y a él parecía encantarle — te voy ser todo lo sincero que pueda — recibió toda mi atención — yo no pedí esto y tú espero que tampoco, pero nos tocó. Cada cual lo hace por los motivos que sean y algún día, espero, sabrás los míos. De momento lo mejor es ser prácticos y vivir esto, como mejor se pueda. No te preocupes por mi especial sentido del humor que es parte de mi idiosincrasia — retomó su labor y yo suspiré resignada — simplemente tengamos la fiesta en paz.

No sabría decir porqué, ni por cuánto tiempo, pero guardé la bandera de guerra y decidí darle, el beneficio de la duda a mi futurísimo esposo.

Me metí al baño y traté de ignorar el hecho de que había un desconocido masculino dentro de mí casa, cerca de mi cuerpo desnudo y a punto de compartir desde la cama hasta la vida entera conmigo, aún no sabía por cuánto tiempo pero eso era algo, que no dejaría de hablar con él en cuanto saliera de mi ducha porque ya lo necesitaba. Moriría de ansiedad si no me daba un baño relajante enseguida.

Aarón

Debí ser más convincente.

Ella tenía que creer que mis intenciones no eran las que eran... Meterla a la cárcel.

Tenía mis dudas sobre ella, pero que hubiese aceptado un matrimonio así como así, sin siquiera poner o exigir que se estableciera un límite de tiempo, l delataba... Era una interesada y lo más probable era que ella hubiese estado en complot con su primo el intenso para adueñarse de la fortuna, después de matar a Edmund.

Tenía pocas dudas al respecto y acabaría saliendo de ellas, pues para eso estaba aquí y no pensaba dejar de conseguir mi objetivo.

Ha sido un plan muy estudiado por ambos y lo primero es comprobar, si ella lo estaba envenenando o no.

Así como la mayor de mis batallas aquí, era no dejar escapar ninguna pista que los llevara a relacionarme con la muerte de Edmund Morrison.

O al menos eso creía yo, en aquel entonces.

Ya estaba dentro de la villa, incluso desde el día antes, no me había costado ningún trabajo meterme aquí... Lo difícil empezaría después de la boda.

Era arduo mi trabajo y amplia la lista de sospechosos pero, había dado mi palabra de encarcelar a Samantha Morrison bajo cualquier circunstancia, y eso haría de ser ella culpable, como apuntaban las primeras pistas.

No tenía miedo a enfrentar a toda la maldita familia. Ese era un poco mi objetivo aquí. Pero igual, tener a una belleza de mujer como aquella, tan cerca, no era tarea fácil para ningún hombre. Y yo no era la excepción.

Aquella noche ella no comió. Mientras yo me preparé algo para cenar, la escuché llorar bajito y casi subo a consolarla pero no debía confiar en esa víbora, ya estaba advertido.

Despaché a su primito cuando vino y que ella no bajara a defenderlo, a pesar de oir el lío que montamos me hizo creer que no quería ver a nadie. Y me dió cierta satisfacción que a él tampoco lo quisiera ver... No entendía el porqué.

El resto del día pasó en paz. Me bañé en la piscina y tomé un poco el sol, pensando en Edmund y en otras muchas cosas, pero cuando llegó la noche y subí a dormir, la encontré hermosa, rendida profundamente y con aquellos labios perfectos dejando escapar pequeños suspiros que me dieron ternura.

Nunca he sido un tipo azucarado, pero ella se encargó, a partir de aquella noche, de provocar demasiadas cosas novedosas en mí.

Y hasta el día de hoy, siento que conocí el cielo, el día que la ví, vestida de blanco en aquel jardín y aceptando ser mi esposa.

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