Librería
Español
Capítulos
Ajuste

CAPÍTULO 5

—Sí, pero está… —Diferente.

—Quizá, pero, sobre todo, no es para ti. Tú tienes una reputación que mantener, así que mantente alejado de ella.

Me alejo de él en dirección a mi oficina, pero cuando paso por delante de la de Vittorio, una mano me agarra de la muñeca y me obliga a entrar.

—Pero, ¿qué haces…?

—Me interrumpe posando bruscamente sus labios sobre los míos.

Y qué bueno está, joder…

No puedo evitarlo, está demasiado bueno. Maldita sea, echaba de menos el sabor de sus labios sobre los míos, la sensación de estar a salvo en sus brazos y de ser deseada por él me hace mucho bien.

Pongo mis brazos alrededor de su cuello y prolongo nuestro beso, poniendo en él todos los sentimientos que me invaden. Quiero que sienta mi dolor, mi desesperación, mi miedo y, sobre todo, ese sentimiento que electriza todo mi ser cuando me mira, ese sentimiento que persiste a pesar de todos estos años, a pesar de todo el daño que me ha hecho.

Tengo la impresión de que él sientes lo mismo, pero no consigo ponerle nombre.

De repente, mi conciencia me saca de mi estado de trance y abro los ojos violentamente.

Me separo de él. Me separo de él, sin aliento, y te doy una bofetada digna de las mejores películas de Hollywood. Su cabeza se inclina hacia un lado, pero no te inmutas, y te limitas a lanzarme una mirada asesina.

Fijo mi mirada en la tuya y, con la voz más fría que soy capaz de articular, como si le hablara a un discapacitado mental, te digo:

—Te prohíbo que te acerques a mí, que me toques o incluso que me mires. Me das asco. ¿Qué pensabas? ¿Que ibas a reaparecer como una flor y que, como por arte de magia, iba a olvidar todo el daño que me has hecho? Nunca, ¿entiendes?, nunca te perdonaré. Así que déjame en paz, maldita sea, y no se te ocurra volver a ponerme las manos encima, ¿queda claro? Terminé sin aliento. Él seguía sin decir nada y continuaba mirándome, lo cual era realmente inquietante viniendo de él: esa calma antes de la tormenta que siempre me había asustado y que, en ese momento, seguía siendo así. Instintivamente, di un paso atrás sin bajar la mirada.

Me sobresalté ligeramente cuando se escapó de su garganta una risa grave y ronca. Sus ojos, negros como la noche, me atravesaron, y di dos pasos atrás. Me daba miedo cuando estaba en ese estado, pero intenté no dejarlo traslucir.

—¿De verdad crees que voy a dejarte con otra persona, pelirroja? —pregunta mientras se acerca aún más a mí, haciéndome retroceder con cada paso hasta que me encuentro atrapada entre la puerta y su imponente torso, al que me niego a mirar.

Acerca aún más nuestros cuerpos, siento su aliento cálido y suave en mi rostro, mi señor, y su perfume, que siempre me ha parecido tan embriagador, me envuelve por completo. Su boca en mi oreja me arranca un leve suspiro de placer y sus manos…

—Para, tú… tú…

—¿Yo qué? ¿Dices que te repugno cuando tiemblas con cada una de mis caricias, con cada uno de mis besos? Estoy seguro de que ahora mismo estás imaginando cómo sería si te tomara aquí y ahora. —me susurra al oído con su hermosa voz grave, que me hace sonrojar al instante. —Maldita sea, ¿cómo consigue tener tanto poder sobre mí? —intento separar nuestros cuerpos, pero sin éxito.

—No. —No quieres que pare, me deseas tanto como yo te deseo a ti, ¿verdad, nena? —dijo con voz firme.

—No, ya tengo a alguien en mi vida y… Y tú formas parte de mi pasado.

—Así que besas tu pasado, hum… —Creo que soy muy afortunado, ¿no crees?

—¿Qué? No, yo… —Y luego, maldita sea, suéltame, yo…

Mi respiración se detuvo en mi pecho y mi corazón comenzó a latir aún más rápido cuando volvió a posar sus labios sobre los míos con una dulzura que no le reconocía. Nunca me había besado así, con tanta ternura, pasión y deseo. No. Es imposible.

Nos separamos sin aliento, con su frente sobre la mía. Él tienes los ojos cerrados y respiras profundamente, como para impregnarte de mi aroma, y luego sueltas un gruñido muy sexy.

—Me da igual tu supuesto novio, nena, tú eres mía y de nadie más desde el día en que me diste tu virginidad, así que vas a mandar a ese idiota de vuelta a donde vino lo antes posible, porque yo estoy aquí, nena, y lo quieras o no, pienso reconquistarte, porque eres mía.

Me soltó todo eso como si la situación fuera perfectamente normal, como si nunca me hubiera echado de su casa, como si nada hubiera pasado, como si para él todo eso no fuera nada, mientras que mi mundo se derrumbó por completo esa noche y, desde hace cuatro años, ni siquiera puedo dormir sin pensar en ello.

Lo miro durante unos minutos para ver si habla en serio y, efectivamente, lo hace. Se dibuja una amarga sonrisa en mis labios y, de repente, me entra una risa incontrolable; no puedo parar, es más fuerte que yo. Sigo riendo sin parar; creo que mis nervios han cedido y mi falta de sueño no ayuda.

Cuando me recupero un poco, lo miro con una leve sonrisa en los labios.

—Vete al infierno, Enzo Rinaldi. Eres el ser más egoísta y despreciable que he conocido en mi vida. ¿Sabes qué? Te agradezco que me hayas alejado de tu vida, porque gracias a eso he podido evitar lo peor.

Abro la puerta y me dispongo a salir de forma teatral, pero la frase que sale de su boca me interrumpe.

—Ni se te ocurra, no voy a renunciar a ti, a nosotros, así que prepárate, pelirroja, porque no voy a soltarte.

Luego cierro la puerta de un portazo.

¿Quién se cree que es este idiota? Nunca más me tendrás, Rinaldi, nunca…
Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.