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Capítulo 3

Aparto la mirada, mirándome fijamente; no me parezco a Camila, pero... bien. Mientras tenga el % de su belleza, puedo vivir.

Cuando levanto la vista de nuevo, el hombre me mira con el ceño fruncido. No sé por qué, pero retrocedo, un poco asustado, pero no me alejo demasiado porque choco con algo... algo duro y musculoso.

—Lo siento — digo dándome la vuelta.

—No hay problema —responde . Levanto la vista y veo a un chico guapo. Tiene el pelo rubio, unos preciosos ojos verdes y parece un modelo de ropa interior... No sé por qué, pero lo he visto antes...

-Valeria, ¡mira por dónde caminas! -gruñe mi tía. - Lo siento, señor.

—Llámame Iker y no te disculpes —mira a la pareja mayor en la esquina de la habitación—. Lo siento, papá y mamá, me refiero a Estela —dice. Ah... debe ser Iker Ardenza. El hermano pequeño de Gael, aunque no es tan pequeño...

—No hay problema, cariño —dice la anciana—. Y hola, señor y señorita Santillán.

-Hola señorita Ardenza y por favor llámeme Octavio – dice mi tío.

—¡Octavio, qué gusto verte! ¡Sentémonos y vayamos al grano! —dice el hombre mayor con voz autoritaria—. Esta es mi esposa, Estela, y él... —mira a Iker—... es mi hijo mediano, Iker. Esta es mi hija, Renata; está junto a Gael y, ¡madre mía!, parece una reina. ¡El mismo cabello castaño y los mismos ojos azules que Gael la hacen lucir fabulosa! —Y mi hijo menor no pudo estar aquí, pero se llama Dante —se detiene y mira a Gael—. Este es mi hijo mayor, Gael Ardenza.

Lo miro, pero él mira fijamente a su padre. Intenta enviarle una señal, y yo lo interpreto como «Quiero ir».

-Sentémonos y comamos - dice finalmente Estela.

-Valeria...? - susurra Camila en mi oído.

- ¿Si? - Digo curioso.

- ¿Recuerdas lo que te dije sobre que no quiero casarme con él...? - Dios... no... ¡lo sabía! - ... bueno, quiero hacerlo, ahora que lo he visto - lo mira soñadoramente.

—¿Y Julián? —susurro. No puede hablar en serio, ¿verdad? Julián es mucho mejor que eso... guapo imbécil. —Él... no tiene tiempo para mí... está ocupado con la escuela, creo que está conmigo por el sexo... —susurra, pero sé que miente.

Cuando la miro a los ojos parece sincera, o al menos intenta serlo.

Asiento. Ella sonríe, articulando un «gracias» antes de sentarse frente a él. Suspiro y me siento junto a Iker. Él me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.

Parece simpático, pero no se compara con Gael. No sé por qué, pero es... diferente... lo veo... Es moreno y tiene muchos muros extraños a su alrededor, pero hay más en él... mucho más de lo que deja ver.

- Entonces... ¿quién es Camila? – pregunta el anciano, interrumpiendo mis pensamientos.

—Soy Camila — dice Camila sonriéndole a Gael pero a él no le interesa, en cambio lo pillo mirándome fijamente.

Me sonrojo un poco al pensarlo, pero seguro que no me miraría. ¡Ni hablar! Quizás algo detrás de mí le esté llamando la atención.

—Sí, esta es mi hermosa hija; es la mejor en todo lo que hace. Ya me entiendes —dice mi tía guiñándole un ojo a Gael, pero él parece aburrido.

-¿Qué edad tiene? -pregunta el anciano.

- Yo... tengo años - responde Camila.

—No te hice la pregunta, pero por ahora está bien —dice irritado—. ¡Vaya! ¿Qué le pasa? ¿Es así siempre? Hablaba de ella como si no estuviera.

La cara de Camila se ensombrece y escucho a Iker reírse, pero se calla cuando el anciano lo mira.

- ¿Vas a la escuela, querida? - pregunta Estela, en voz baja.

—No, no lo sé… —responde Camila con cara de vergüenza.

A Camila nunca le gustó la escuela. ¡Rayos!, ni siquiera fue a la universidad... Pero claro, su padre tiene dinero, así que no fue difícil conseguirle un diploma y todo eso...

—Ah... vale... —dice Estela, mirándome—. ¿Y tú, querida? ¿Vas a la escuela?

- Sí... - Digo, mirándome las manos. - Estoy en segundo año de criminología. -

—¿Cómo te llamas? —pregunta el anciano con frialdad. Lo miro, poniéndole mi mejor cara—. Me llamo Valeria Santillán.

Sentí que Gael me miraba fijamente cuando dije mi nombre. Lo miré y nuestras miradas se cruzaron. No pude evitar morderme un poco el labio inferior. Es algo que hago cuando estoy nerviosa. Simplemente no puedo evitarlo. Mi calor se acelera cada vez que este hombre me mira. Apartó la mirada para mirarme los labios, pero apartó la mirada rápidamente.

- Entonces tienes... ¿Qué? ¿? -

- No, tengo años en realidad... -

¿Qué hacías antes de criminología? Porque dijiste que estás en segundo año ...

La miro, apartando los ojos del cuervo.

-Eh ... Estudié psicología durante años ...-

Ella me mira con curiosidad. - Espera, me pierdes... cuéntame toda la historia -

-No es necesario –dice mi tía riendo.

—No, me parece interesante. ¡Cuéntame! —suplica Estela. Es gracioso ver a una anciana actuar como si aún fuera joven; ya me cae bien.

Miro a mi tía pero ella me mira fijamente otra vez pero la ignoro.

—Valeria... —susurra mi tío, intentando detenerme, pero yo también lo ignoro. No, no me detendré. Esta vez no. Es la primera vez que alguien se interesa por mí. Vuelvo la mirada hacia Estela.

- Entonces... entré a la universidad cuando tenía años, hice años de psicología y luego criminología - digo tímidamente.

- ¡Eso es impresionante! - dice Iker.

Lo miro y sonrío un poco.

—¡Iker tiene razón! ¿Y a qué se debe este cambio tan repentino? —pregunta, y las puertas se abren. Los camareros entran y preparan nuestros platos. ¡Qué rico! El bistec con patatas es lo máximo, pero no si se puede comer de una sola vez. Debería haber comido algo antes de venir.

Miro a Estela y ella asiente.

- Me... parece interesante cómo la gente puede pensar... el cerebro humano es tan raro a veces... - digo, sonriendo un poco. - ...Pero me gusta cómo piensan los criminales... No sé por qué... Quizás porque piensan diferente a nosotros, es interesante .

—Me gusta cómo te ves —dice sonriendo, y no puedo evitar devolverle la sonrisa. Vuelvo a sentir la misma mirada fría de antes y no puedo evitar mirar a Gael. Nos miramos de nuevo, pero entonces él se levanta.

No sabía que esa sería la última vez que me sentiría a salvo.
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