Capítulo 05: Sufriendo en silencio
Se encontraba solo en su habitación, mirando por la ventana. Karl se había retirado poco después de notar que su madre escuchaba la conversación; ambos chicos estaban tristes, pero por razones diferentes. Harry había tenido su primera transformación ese día y, aunque en la escuela se lo habían explicado, se sentía molesto: muchos compañeros aseguraban que no lo lograría por ser un mestizo. En algún momento quise hablarlo con Katherine, contarle cómo se sentía días atrás, pero ella era humana…
Harry sabía que eran diferentes y que ella no entendería su instinto. Con Dominik nunca había hablado mucho, pero sentía la confianza para hacerlo. Incluso con Noah, pero este era una beta. Habían pasado horas y no había salido de su cuarto; no tenía a dónde ir más que a esa mansión. De pronto, unos toques leves en la puerta llamaron su atención.
―Paso…
La puerta de madera se abrió con cuidado, revelando a Dominik. Harry sintió una punzada de culpa; sabía que el esposo de su madrina era un hombre ocupado en la empresa y le pesaba haberle hecho perder el tiempo. El Alfa entró, cerró la puerta y se sentó junto a Harry en el sofá de la ventana.
Por un momento, ninguno habló. Dominik había pasado primero por la escuela y, al llegar a la mansión, buscó a su esposa, pero nadie la había visto.
―Estás suspendido por tres días; Karl, por dos ―soltó Dominik. A Harry no le importó; le parecía irrelevante―. No he hablado con Katherine sobre lo ocurrido, me lo han dicho las empleadas… ―El moreno guardó silencio―. Dime qué pasó, Harry.
Los labios del niño se fruncieron por la ansiedad; su corazón latía con fuerza.
―Me lo explicaron en la escuela… sobre la primera transformación, pero me hubiera gustado que me lo dijeran aquí. Solo dijeron que pasaría cuando menos lo esperara, pero no fue así ―Harry frunció el ceño―. Ese niño me molestó durante semanas. Decía que, por ser mestizo, no podría transformarme. No quise decirle nada a nadie, y menos a Katherine, pero hoy me hartó. Sentí emociones fuertes apoderándose de mi cuerpo… Intenté controlarme, pero él seguía hablando y le lancé el balón. Entonces dejé que todo fluyera y salió mi lobo.
Dominik ascendió; conocí esa sensación de pérdida de control por defensa propia.
―Dolió… Dolió transformarme y dolió cuando mi cuerpo volvió a la normalidad.
Dominik soltó un suspiro.
―Sí… Nadie te avisa que duele, pero solo pasa las primeras cinco veces. A mí me ocurrió lo mismo, Harry. La primera vez fue cuando sentí que le daban demasiada atención a mi hermano menor. Me sentí desplazado y, por las noches, me forzaba a transformarme en el bosque. Dolió tanto que me desmayé y nadie me buscó; pensaron que estaba caminando por ahí. Fue mi abuelo quien finalmente me cuidó y me guio. Puedes contarme, Harry. Puedo enseñarte todo lo que sé, pero prométeme que de ahora en adelante harás las cosas bien.
Harry miró sorprendido a Dominik; no esperaba ese apoyo. Conmovido, se lanzó a abrazarlo.
―¡Gracias!
―Pero… ―Dominik correspondió el abrazo acariciando su rostro―, tienes que disculparte con Katherine. Vamos, busquemos a Karl y hablemos con ella.
(… )
Katherine seguía dando vueltas a las palabras de Harry. El rechazo del profesor y el recordatorio constante de su humanidad le pesaban demasiado. Había pasado años leyendo sobre la raza de su esposo, esforzándose por encajar, pero parecía que nada de eso importaba. Nadie notó su esfuerzo.
―¿¡El joven Harry le dijo eso a nuestra Luna!? ―Un susurro poco discreto llegó a sus oídos. Era otra vez la voz de una empleada. Katherine apretó los labios; el chisme ya corría por toda la mansión.
―¡Te digo que sí! Lo escuché perfecto porque soy una omega… ―Katherine estaba en el invernadero, recostada en una hamaca de madera junto a la piscina, con una botella de vino y una copa casi vacía―. Pero el joven tiene razón: es humana y no nos entiende. Además…
Katherine no pudo más.
―Además de hablar a mis espaldas, no tienes la decencia de hacerlo en privado o de callarte la maldita boca cuando no es tu problema.
El silencio fue sepulcral. Katherine, emocionada con amargura.
―Es mejor que salgan ahora, malditas hipócritas. Hablo de las dos.
Escuchó cómo una de ellas tragaba saliva con dificultad. Las dos empleadas se acercaron. Katherine tomó un sorbo de vino.
―Mi Luna… ―Intentó excusarse una, sin notar que Noah, Dominik y los chicos observaban la escena desde la entrada.
―¿Mi Luna? Ahora tienes las agallas de llamarme así cuando te descubro hablando mierda de mí. Vaya que la hipocresía vuela en este lugar ―las palabras de Katherine eran puro veneno. Había aguantado demasiado.
―No era mi intención, yo solo…
―¿Solo qué? ¿Por qué no dices la verdad que todos ocultan en la manada? ¡Dilo ahora mismo!
―¡Katherine! ―la voz de Dominik tronó en el invernadero. Las empleadas respingaron; las feromonas del alfa inundaron el aire―. ¡No debes hablarles así! ―Dominik se acercó―. Disculpen, pueden retirarse.
Las empleadas huyeron de inmediato. Katherine soltó una carcajada cínica.
―Qué irónico… Se supone que tenemos el mismo rango, pero solo te obedecen a ti. ¿Por qué será? ―preguntó con sarcasmo.
―No entiendo qué te pasa, Katherine.
Ella se levantó, dejando la copa en la mesa.
―Nunca lo harás… ―Lo pensó, pero Dominik lo escuchó a través de su conexión. Ella caminó hacia la salida.
―Yo quería disculparme contigo ―la voz de Harry la detuvo. Ella volteó a verlo.
―¿Por qué? Si lo dije, hecho está. Por algo lo dijiste y por algo ellas, y toda la mandada, piensan igual. Pero si te hace sentir mejor, Harry… te perdono.
Sus palabras sonaron vacías, dejando a todos helados. Katherine necesitaba huir de esa asfixia. Se dirigió a las cocheras y subió a una de las camionetas.
―Creo que es momento de visitar a Mar por un rato…
