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Capítulo 02: Secretos

Los rayos de sol traspasaron la cortina de la habitación en donde se encontraba Katherine durmiendo; su rostro comenzó a fruncir el ceño ante la claridad, un tanto molesta, por lo que de su garganta salió un leve gruñido. Ella quería seguir durmiendo, ya que en toda la madrugada había estado haciendo el amor con su marido; una leve sonrisa se mostró en su rostro al recordar la sensación en su cuerpo. Katherine lo había disfrutado demasiado. Aunque sus ojos aún se encontraban cerrados, podía sentir que Dominik no estaba en la cama ni en la habitación; en el lado donde dormía el Alfa se encontraba nada más su almohada para que Katherine la abrazara.

Mientras se levantaba, la sábana blanca se deslizaba suavemente por su cuerpo desnudo. Al estar de pie en la enorme habitación, notó que había una pequeña nota en la mesita de noche. Al tomar el papel entre sus dedos, no pudo evitar sonreír al leerla mientras caminaba hacia el baño:

"Disculpa por irme sin avisar, he tenido que ir a una junta en la empresa. No te preocupes por tus tareas en la manada hoy; le he dicho a Emily que cancelara todo para que pudieras descansar bien... Te amo con todo mi corazón, eres mi luz en la oscuridad..."

Cualquier persona, al terminar de leer una nota, la tiraría y dejaría que su mente recordara las palabras, pero Katherine no. Cada pequeña nota o carta la guardaba en un cajón de su armario. Luego de guardarla, se dirigió al baño. Mientras dejaba que el agua tomara una temperatura tibia, colocaba esencias junto con flores para relajarse; no podía evitar pensar en las tiernas palabras que su esposo le había dedicado.

Dominik era un Alfa tan amoroso con su esposa que muchos se sorprenderían, pero ese hombre se encontraba tan feliz que nadie podía quitarle aquello. Desde que se había levantado temprano, había mostrado una gran sonrisa y un aire de felicidad; todos en la mansión se habían dado cuenta, pero no tenían que ser tontos para saber lo que había pasado.

El agua tibia relajaba los músculos de Katherine ante la gran actividad de la madrugada. Frente a ella se encontraba un espejo grande que la reflejaba en la tina. No le molestaba; más bien le agradaba apreciarse a sí misma. Su rostro se inclinó un poco a la izquierda, dejando observar la marca de una mordida; sus dedos tocaron aquella marca que le habían hecho Dominik y su lobo, Axel, en la luna de miel. Al principio, ella estaba insegura de aceptar la petición de su esposo, pero Noah le había dicho que aquel acto era muy importante para ambos. Vaya que le había dolido, pero Dominik hizo que el dolor se convirtiera en placer.

Katherine estaba feliz de que hoy no haría nada. Desde que había comenzado el mes, la manada había solicitado su ayuda en varias cosas; aunque intentara ignorarlo, sentí las miradas de desagrado de varias personas. La razón era que aún seguía aprendiendo sobre su cultura y cosas que no entendía al ser humano. En una oportunidad quiso informarle a su esposo, pero sintió que era irrelevante. Aunque a algunos les disgustara que una humana no los entendiera, tenían que vivir con eso: Katherine era su Luna y lo sería por largos años.

Una de las tareas más importantes era bautizar a las nuevas generaciones, pero Katherine no pudo... La tensión al cargar a un niño era tan fuerte que se sentía asfixiada; Sentí que solo la miraban esperando un error en la tradición. Ella no había cometido ninguno; De hecho, lo había practicado con Emily, pero toda persona tiene un límite y Katherine había llegado al suyo.

Antes, cuando trabajaba en la agencia, no le importaba que la miraran con desagrado; se había acostumbrado tras años viviendo en los barrios pobres de Alemania. Pero ahora le preocupaba el "qué dirán". El título de Luna le pesaba y la había cambiado por completo; en su mano tenía el poder y la vida de las personas de la mano. Un error podía ser grave.

(...)

En la mansión solo se encontraron los sirvientes, por lo que Katherine comía a solas. No había encontrado a Emily, pero no le molestaba; Estaba feliz de que nadie estuviera a su lado. Los chicos se encontraban en la escuela y no tenía que preguntar por Noah, pues sabía que estaría con su esposo. Cuando terminó su café, una empleada se acercó a recoger las cosas. Katherine la detuvo levantando una mano.

—Estaré descansando en mi habitación, no quiero que nadie me moleste…

La empleada acercando y se retira rápidamente. Katherine no se movió hasta escuchar la puerta de la cocina; ella reconocía cada ruido de la mansión cuando el silencio reinaba. Subió al segundo piso, pero se detuvo. No le interesaba el pasillo de las habitaciones; Le interesaba que nadie viera que subiría al tercer piso. Se quitó los tacones y comenzó a subir. Allí no había mucha claridad; nadie utilizaba aquel piso y los empleados no iban desde que Katherine descubrió el gran secreto que ocultó su difunta suegra. Sus pies descalzos sintieron el polvo y su nariz se arrugó por la necesidad de estornudar, pero no se dio el lujo de hacerlo.

El tercer piso solo eran habitaciones vacías. Aquel lugar se había convertido en el favorito de Katherine: su obsesión, su gran secreto. Ni los chicos, ni Bruno, ni Emily, ni el mismo Dominik subían allí. Ella se había vuelto egoísta con su secreto y agradecía a su suegra por lo que hizo; Sin ella, no hubiera descubierto aquello.

En el pasillo había una puerta de madera vieja con cerradura, y la llave solo la tenía Katherine. Se quitó el collar que escondía entre su ropa y, al introducir la llave, giró tres veces a la derecha. Escuchó el mecanismo metálico y la puerta se abrió. Sus pupilas se dilataron al ver su obsesión y su sonrisa creció al cerrar la puerta tras de ella. Katherine había nombrado aquella enorme habitación como la propia diosa en la que los hombres lobo creen: la Diosa Lunar.

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