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Seis años atrás

— Mañana mismo te irás a la Base Militar Diana - La morena no pudo expresar palabra alguna, aún seguía en su asombro - ¿Me estás escuchando? - La Guía pensaba que Diana se había sorprendido por la noticia de irse en la Base, pero lo que a ella la había tomado por sorpresa fue saber que nuevamente su camino se cruzaría con Benjamín.

— Si la he escuchado claramente - Respondió Diana.

— Bueno, ahora puedes dirigirte a la Universidad a despedirte de tus compañeros - La mujer le había dedicado una sonrisa a Diana, que segundos después había abandonado las instalaciones con las respectivas coordenadas que recibió para formar parte del equipo de Salud de las Fuerzas Armadas de la Nación.

Cuándo Diana estacionó el vehículo en el estacionamiento del Hospital en dónde realizaba las prácticas, una silueta familiar entró en su campo de visión.

— ¡Diana! - Exclamó Martín logrando que los pasos de la mujer se detuvieran - Hablemos por favor - La súplica en la voz de su novio o mejor dicho de su exnovio era evidente.

— Martín ya no tenemos nada de que hablar, ya me viste lo suficiente la cara de estúpida así que te acercaste a mí para luego follar como recompensa a Patricia— Martín al escuchar las palabras de Diana tragó saliva.

— ¿De qué estás hablando?— Fue la pregunta ejecutada por el hombre.

— ¿Tendrás el descaro de negarme? - Diana había dado 2 pasos con dirección a Martín - Atrévete a negar aquella acusación Martín si no es verdad de lo que te estoy acusando puedo considerar nuestra situación - Los ojos avellana de Diana adquirieron un brillo melancólico y en el fondo ella deseaba que él lo negara, su corazón destruido pedía a gritos en silencio que él le dijera que aquello era una mentira, pero aquello no ocurrió, Martín no tuvo las agallas para negarlo.

— No me busques más, ya has conseguido lo que querías, ya me has destruido, te he amado de una manera en la que nadie te va a amar, te antepuse ante otros y ¿Cómo me has pagado? Con una maldita traición que digo una, con años de traición.

— Diana - Susurró Martín - No te puedo negar, pero a lo largo de estos años me he enamorado de ti.

— ¿Te la has follado pensando en mí? - Diana se burló, pero solo ella sabía cuanto dolía esto.

— No digas eso.

— No vuelvas a buscarme, de hecho no nos volveremos a ver, espero que seas muy feliz con la persona que amas porque siempre fue Patricia, te acercaste a mí por ella, ahora eres Libre.

— Diana - Volvió a Susurrar Martín, pero ya no hubo caso, la Morena no volvió a dedicarle ni una sola mirada.

— ¿DiDi? - La voz de aquella mujer fue otro, balde agua fría.

— Te tengo una sorpresa, serás tía— Expresó Patricia emocionada ya el corazón de Diana no tenía manera de hacerle daño - ¿DiDi? - Volvió a expresar Patricia agarrando del brazo a Diana.

— ¿Me has dicho que seré tía? - Preguntó Diana dándose la vuelta y secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

— ¿Estás bien? - Preguntó Patricia solo ahora Diana se dio cuenta del cinismo en la voz de su “Amiga”.

— ¿Cómo voy a estar luego de enterarme de que mi “Mejor amiga” y mi novio están esperando un hijo? - Patricia cambio drásticamente las facciones de su rostro al escuchar aquellas palabras.

— DiDi ¿de qué estás hablando?

— Deja el cinismo atrás Patricia ya lo sé todo, sé que tú y él se revolcaban a mis espaldas y que en vez de ser la tía del bebé que esperas podría ser su madrastra - Al momento en que Diana emitió aquellas palabras, Patricia dejó ver una sonrisa.

— Así que ya te lo ha dicho— La mujer dejó de esconderse bajo la máscara— Entonces ya sabes que soy mucha más mujer que tú y que le voy a dar su primer hijo, algo que tú tanto has soñado, ilusa - Patricia se burló— Yo seré la madre de su hijo, yo seré la que de, él primer heredero mi hijo será el favorito y ¿Tú qué? Siempre serás la perdedora, tanto que anhelabas darle un hijo y ni siquiera eres capaz de complacerlo en la cama, mírate, tienes tallas de más, no tienes esta cinturita que a él lo vuelve loco, en cambio, tú eres una gorda la inteligencia no sirve de nada cuándo se trata de cuerpos la debilidad de un hombre siempre seremos las mujeres como yo— Y en ese preciso momento las lágrimas amenazaban con volver a salir, pero Diana tuvo que controlar aquella sensación, aunque incluso respirar dolía, el dolor fue intenso ante aquella burla.

— ¿Qué tienes? - Patricia se burló— ¿Estás lastimada?.

— Basta - Diana levantó el rostro— Te felicitó deberías de hacer casting para una actuación, pero te recuerdo que un hijo nunca amarra, pero has ganado quédate con él sé feliz, pero el Karma duele - Con aquellas palabras Diana se alejó dejando a su ex mejor amiga en el pasillo.

Diana se retiró alegando que se sentía mal, pero definitivamente necesitaba estar lo más lejos posible de aquel lugar lo primero que hizo al llegar fue dirigirse directamente al espejo - Ojalá fiera fácil controlar esto - Susurró Diana acariciando su abdomen - Pero no se puede controlar a pesar de estar bajo estrictas normas de Dieta, la enfermedad Celíaca - Dijo la mujer con una media sonrisa - solo yo se las batallas con las que lidió en mujeres como yo esto provoca irregularidades en el ciclo menstrual, problemas de Fertilidad, el aumento de peso y en otras ocasiones la disminuida de manera rápida también produce fatiga - Diana suspiró.

— BASE FF. AA.

— Mañana llegan nuevas Tenientes y Sargentos elegidos meticulosamente para formar parte de nuestro Ejército la mayoría son Profesionales de la Salud como usted los ha pedido, Coronel.

— Muy bien, si he pedido profesionales de la Salud debido a las 3 Misiones que tendremos y nunca faltan los heridos.

— Muy bien mi Coronel ¿Permiso para retirarme?

- Concedido— Expresó Benjamín, pero antes de que la puerta sea cerrada otra silueta masculina se observó.

— ¿Asistirás a la Bienvenida que estamos planeando darles a más nuevas? - El Sargento Santiago Abdo era el Agente Especial de la Fuerza de Tarea Conjunta de las FF. AA a la vez era el mejor amigo de Benjamín.

— Lo pensaré— Fue la respuesta dada por el Coronel - Yo sí estoy trabajando, no como otros.

— Definitivamente, esos otros me suena a manada, ¿solamente Coronel Verdad?

— Sí, la medicina la dejaré para casos muy necesarias, de hecho vendrán más refuerzos ah y eres tú con el grupo los que se encargan de hacer esas bienvenidas, aquello debería de haber quedado en la Base anterior y no traer aquella costumbre aquí.

— Ya es tarde, te veo mañana en el salón por si quieras quitarte el mal Genio.

La Llegada a la Base Militar había sido rápida, Diana se encontraba mirando el panorama a través de la Ventana y al ver a los Hombres con su uniforme Militar, su mente viajó inconscientemente al hombre que la había salvado mordiéndose su labio inferior— ¿Eres Diana? - La voz de una mujer la sacó de sus pensamientos.

— Sí - Respondió la morena dejando escapar, un suspiro.

— ¿Te unes a nosotras esta noche en la bienvenida que es prácticamente una tradición para los recién llegados a la base?

— ¿Bienvenida? - Diana arruga la frente.

— Sí, siempre ocurre cuando llegan personas como tú o como tus acompañantes y teniendo en cuenta que la presentación es mañana al medio día, la fiesta se realizará esta noche, vamos disfruta esta noche porque después quizás solo haya heridos.

— Vaya - Diana sonrió, pero su intento de sonrisa se pareció más a una mueca.

— Vendré por ti a las 19 - Con aquellas palabras la mujer se alejó.

- Bien Diana, quizás salir sea una buena solución para tu mal de amores.

Siendo las 19 horas puntualmente la puerta fue abierta por la misma mujer de hace rato que traía puesto un diminuto vestido que le cubría el muslo.

— No me mires de esa manera, somos libres de vestirnos como más son sentimos cómoda y tú también estás perfecta - Diana decidió pasar por alto lo expresado por la mujer y salió de la habitación que le habían asignado.

La fiesta era en una de las cabañas más apartadas de la Base, la música ya se escuchaba a lo lejos, pero el ambiente cambiado drásticamente en el interior - No te sientas incómoda, ya verás que la vas a pasar genial— Diana dejó llevarse aceptando la copa que le habían ofrecido el corazón aún dolía y el alcohol quizás ayude a que tan solo por esta noche aquel pinchazo que sentía sea olvidado aunque mañana dolerá en triple.

— En las afueras de la cabaña una Mercedes se estacionó, lo primero que se observó fueron los zapatos negros de alguien hasta que la figura masculina descendió en su totalidad del automóvil, Benjamín se acomodó un mechón de cabello rebelde antes de dirigirse al interior del lugar.

— Pensé que no vendrías— la voz de Santiago se escuchó a espaldas del Coronel.

— No me arruines la noche y cierra la boca - Espetó Benjamín logrando que Santiago sonriera.

— Luego no estés buscándome.

— Incluso si estuviera cerca de la muerte no te hablaría— Enunció Benjamín yéndose a buscar el sitio más oscuro en dónde permanecer el Coronel se robaba todas las atenciones, pero ninguna mujer llamaba su atención esta noche o al menos eso fue lo que pensaba hasta que las curvas de una mujer y aquella cabellera única llamó su atención ella estaba de Espaldas, pero era difícil de confundirla a ella así que decidió acercarse, pero antes de que llegará en dónde se encontraba Diana alguien se interpuso en su camino.

— Coronel - una voz melosa y seductora con claras intenciones de follar, lo detuvo.

— Sargento - exclamó Benjamín bastante indiferente sin ni siquiera dedicarle una mirada a la mujer, en cambio, toda su atención estaba en la mujer que estaba de espaldas a él.

— ¿Qué le parece si recordamos viejos tiempos como en la Base anterior? - las manos de la mujer estuvieron cerca de acariciar el abdomen del hombre, pero sus manos detuvo los movimientos insinuantes de la Sargento.

— No me toque si yo no lo ordeno - Benjamín siguió su camino, pero Diana ya no estaba en la Barra, así que procedió a buscarla.

Y es que la mujer se encontraba en el balcón del segundo piso de la cabaña dejando que la brisa del viento chocara por su rostro— Así que usted es una de las profesionales enviadas por Sacramento - Aquella voz era imposible de olvidar y sentirla tan cerca generaba pequeños temblores en su cuerpo, Benjamín se posicionó delante de ella - ¿Estás disfrutando de la noche o estás queriendo olvidar la traición de tu pequeño novio? - Su sonrisa malvada provocó algo en el interior de la mujer y con las copas de más siendo las 1 de la madrugada cualquier cosa podría pasar.

— Si no tienes nada bueno que decir con esa boca mejor lárgate— Diana con varias copas encima se sentía valiente ante el imponente hombre que tenía ante ella.

— Diana, la pequeña y siempre dulce Diana - musitó Benjamín en voz baja.

— La misma Diana a la cual le quitaste la virginidad a los 16 años— Benjamín sonrió al escuchar las palabras de la mujer.

— Así que aún no olvidas quién fue tu primer hombre - Expresó Benjamín con una sonrisa entre dientes.

— Dicen que los errores nunca se olvidan, no sabía lo que hacía, solamente me dejé llevar.

— Te has dejado llevar varias veces - Benjamín se burló.

— Y tú estuviste cerca de perder la cabeza por mí incluso después de irte al cursillo, puesto que aparentemente siempre estabas pendiente de mí por algo sabes todo lo de Patricia y Martín - Diana contestó con arrogancia.

— Han pasado 6 años y yo ya he olvidado muchos sucesos y entre ellos estás tú, te he olvidado desde el momento en que te hiciste novia de Martina demás si supe aquella cómica situación de triángulo amoroso es porque todos en el grupo de amigos los sabían.

Diana pasó por alto el pequeño dolor en el pecho e intento seguir con la conversación - Por supuesto que me hice novia de Martín luego de 2 meses de hacerte esta pregunta antes de irte al Cursillo en la Milicia— Diana le golpeó el Pecho - Benjamín, dime ¿Te esperó o te olvido? - Diana se mordió el labio inferior— Y tu respuesta fue olvídame y te he olvidado.

— ¿Has olvidado mis caricias, Diana?

— ¿Tengo alguna razón para seguir recordándolas?

— No me respondas con otra pregunta - Benjamín estampó ambas manos a la altura de la cabeza de la mujer.

— No soy un soldado bajo sus órdenes, puedo responderle como quiera - Diana se sentía bastante valiente.

— Basta - Espetó Benjamín con sus labios muy cerca de los labios de ella.

— ¿Por qué me miras así? - Diana levantó el rostro.

— Por qué quiero volver a acariciar las cuevas de la morena que me gusta, quiero volver a deleitarme con el arte de desnudarte - Respondió Benjamín.

— Eso ya es imposible, te recuerdo que ya no estoy en primero de secundaria para que me llames la atención.

— Por supuesto que ya no estás en primero de secundaria y tampoco tendré que decirte abre las piernas cuándo te tenga desnuda porque recuerda que ni siquiera querías abrir las piernas.

— Cierra la boca - Diana lo fulminó con la mirada.

— Si quieres que me calle deberías de callarme.

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