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Capítulo 9

- Buenos días.- me saludó brevemente para luego ir a sentarse a la mesa del comedor con su plato de frutas diario en la mano.

¿Por qué sigue sonriéndome? ¿Por qué no está enojada?

- Buenos días a todos.- Dijo Camila alegremente.

Oye, Sofía, ¿sí? ¿Puedo tomar un desayuno inglés? Pero cambia las papas hash brown por papas al horno y el huevo frito por cocido. Porque la comida grasosa no me va, tengo que reducir las calorías. ¡Uy! Y un café con leche con especias de calabaza estaría bien.

Esta perra.

Vi que el rabillo del ojo izquierdo de Sofía se contrajo, lo que significa que está conteniendo su ira con todas sus fuerzas. Hacía mucho que no veía ese tic en el ojo. Nunca desde que rompí un armario entero de porcelana a los trece años.

Pero, ¿quién podría culpar a un niño que acaba de sostener su primer rifle?

Camila, esto no es un restaurante ni un Starbucks. Sofía, prepárale algo de comer, por favor.

-Por supuesto señor, haré lo que pueda. -Quiso decir que está haciendo lo que puede para no darle una bofetada con un hierro fundido.

- Ugh, lo que sea. - Camila puso los ojos en blanco.

Sofía me lanzó una mirada hostil como si quisiera que me cayera muerto. Pero la evité, fingiendo no ver nada. La verdad es que me daba pena que la mujer la hubiera metido en este lío. Es demasiado mayor para lidiar con toda esta mierda, y a mí me disgusta tanto como a ella. Pero créeme, Sofía, te prometo que todo esto terminará antes de que te des cuenta. Así que, por favor, tenme paciencia.

Regla número cuatro: faltarle el respeto a Sofía una vez más y tendrás una bala enterrada en el cráneo.

Nos sentamos a la mesa del comedor. Camila, técnicamente, se sentó en mi regazo. Me rodeó el cuello con sus brazos y me acarició el pelo con suavidad.

—La pasé muy bien anoche, cariño. De verdad que sabes mantener despierta a una mujer. —Me dio un beso en el cuello mientras miraba a Valentina con su expresión de suficiencia, intentando desconcertarla.

- ¿Lo hacemos de nuevo más tarde? - Se acercó a mi oreja y mordisqueó mi lóbulo.

—Claro. —No sabía si era inmune a su seducción o si era solo el repugnante perfume lo que me desagradaba. Lo único que sé en ese momento es que estaba conteniendo el fuerte impulso de empujarla de mi regazo.

—Pero la cama es demasiado blanda. ¿Deberíamos cambiar a una superficie más dura, digamos a la mesa de tu oficina? —Metió los dedos bajo mi camisa y susurró a propósito, lo suficientemente alto para que Valentina lo oyera.

-Donde sea está bien.- Respondí rotundamente.

- Qué traviesa, me gusta. - Ronroneó y se retorció en mi regazo, arrugando mis malditos pantalones limpios del día.

Maldita sea, Dios.

Miré a Valentina de reojo, esperando alguna reacción, o algo. Sin embargo, ella solo parecía imperturbable mientras seguía vaciando su frutero en silencio.

¿Por qué es tan indiferente? Ni siquiera mira.

La sensación desagradable de antes se hizo más profunda.

Esto no me gusta. Esto no me gusta ni un poquito.

Ni siquiera había terminado su plato, Valentina se levantó de su asiento sin decir una sola palabra.

—Oh, lo siento, ¿te hacemos sentir incómoda? —se burló Camila, tratando de provocarla aún más.

Finalmente nos miró y nos dedicó otra sonrisa. Una sonrisa que nunca había visto. Esta vez no era ni de lejos radiante. Era absolutamente fría y misteriosa.

Interesante.

—La verdad es que sí. Lo siento, no es por criticar tu gusto personal, pero el olor de tu perfume me quitó el apetito.

Intenté mantener la calma bebiendo un sorbo de café. Pero por dentro, me moría. Incluso oí a Sofía y Damián resoplar en la cocina.

¿Mica? ¿Desde cuándo llegó aquí?

La cara de Camila se puso roja. - ¡¿Disculpe?! -

Sabiendo que había obtenido exactamente la reacción que quería, sus labios se curvaron más profundamente en una sonrisa triunfante.

Definitivamente interesante.

—No te preocupes, es que a veces tengo la nariz un poco sensible por ese olor... tan raro. Bueno, voy a oler unos granos de café, si no te importa. Disfruta del desayuno.

Natalie se bajó de mi regazo y dio unos pasos hacia Valentina. —¡Perra! ¡Te juro que lo haré!

Sabiendo a dónde llevaría la situación decidí advertirle.

-¡Camila! -

Regla número cinco: nunca le pongas las manos encima a Valentina.

Y con eso, ella se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer y se detuvo.

Y la regla número seis, si alguna vez rompes alguna de estas reglas, todo el acuerdo se rescindirá y no recibirás ni un centavo.

Ella chasqueó la lengua y se sentó en el asiento junto a mí esta vez. - ¿Sabes qué? Ni siquiera vales la pena.

La habitación rápidamente se vio envuelta en una gruesa capa de tensión que Damián intentó aliviar con una de sus tontas maneras.

- Umm, entonces ¿es este el momento apropiado para decir buenos días? -

Idiota.

—Supongo que no. —Damián rió tímidamente. Fue a la encimera de la cocina a servirse un café.

- Buenos días, ¿eres Damián? - Escuché que Valentina le dio un saludo amistoso.

—Miqueas, soy yo. Buenos días a usted también, milady.

- Creo que esta es la primera vez que nos saludamos apropiadamente. -

-Creo que sí.-

- Entonces, ¿qué le gustaría tener para esta hermosa mañana, señor Damián? - Y ella volvió a ser la misma de siempre.

—Oh, el solo hecho de que la señora me atienda ya me da un gran privilegio. Pero me gustaría una taza de café, por favor.

Me burlé de su intento de adulación barata. Sorprendentemente, funcionó. El comentario del bastardo le arrancó una risita.

Mira eso, la niña le sonríe a cualquiera.

Normalmente, al ver esa sonrisa, me irrito o siento una punzada en el corazón por alguna extraña razón. Pero en ese momento, simplemente me sentí amargado, y no sabía muy bien por qué.

Valentina vertió cuidadosamente el café en la taza y luego la deslizó hacia Damián. - Aquí tienes, una taza de café para los privilegiados. -

¿Ahora le sirve café? Me desconcierta la facilidad con la que se degrada hasta tal punto. ¿La esposa de Alejandro Enzo sirviéndole café a un capo? Qué cómico.

Levantó la taza en un brindis. —Muchas gracias, milady. Seguro que su sabor es tan sofisticado como quienes lo sirven.

¿El bastardo está coqueteando con mi esposa?

Continuará...
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