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Capitulo 5

El tiempo avanzaba y el encuentro entre Ámbar y Julián no se había podido dar por muchos motivos. Uno de tantos era la apretada agenda que tenía Julián junto a Noelia por el lanzamiento de su marca de relojes

Aún así. Julián sabía que debía pasar rato con su lobita ya que se acercaba el día donde ella se iría a Italia y estaría a mucha distancia de él.

Después de un sinfín de planes que siempre fallaban, ambos lograron tener la oportunidad de verse a solas, donde pudieran disfrutar de su amor.

Aunque para eso debieron sacrificarse dos personas más quienes no soportaban verse por mucho tiempo.

—¿Quieres que pase todo el día y parte de la noche con este idiota? —exclamó Aitana.

—Ja. Mira niña aquí el que más va a sufrir soy yo —replicó Lucas.

—Se pueden ignorar, mi apartamento es grande —aseguró Julián.

Aitana volteó los ojos sin poder creer que tendría que callar la arrogancia de Lucas. Tener que verlo por mucho tiempo y soportar escuchar cómo le respondía lo mismo a varias mujeres.

Resignados a tener que soportarse dejaron ir a la pareja que deseaba estar a solas por varias horas.

El auto se puso en marcha listos para ir a una cabaña un poco retirada pero no lo suficiente como para perder el tiempo que no tenían.

Un par de horas ya se encontraban llegando donde Julián alzó a ámbar como princesa y se adentra.

—Wow, estás hermoso —Exclamó Ámbar al ver luces amarillas que adornan el marrón de la madera.

—Hermosa eres tú, mi lobita —susurró en su oído abrazándola por detrás.

—Te extrañé mucho. —Dijo Ámbar con un puchero volteandose para abrazarlo por el cuello.

—Yo te extrañé mucho más —respondió él besando sus labios con tanta delicadeza.

Sus cuerpos se unieron sintiendo el calor que ambos manaban. El beso se intensificó más hasta que ambos quedaron sin aire en sus pulmones.

—Quiero hacerte tantas cosas mi lobita. —Susurró Julián pegando sus frentes.

—Quiero que lo hagas. ¡Necesito que lo hagas! —Suplicó ámbar totalmente, totalmente excitada.

Con su mano buscaban quitar la camisa de Julián y poder apreciar su cuerpo mientras lo tocaba. Aún de pies sin poder moverse a ningún lado.

Julián puso su cabeza hacia atrás mordiendo su labio inferior al sentir las delicadas manos de ámbar sobre su pecho bajando a su pantalón donde detuvo sus manos.

—Calma lobita —musito Julián.

Ámbar no prestó atención a sus palabras y los distrajo un poco besando sus labios, bajando a su cuello mientras sus manos quitaban el cinturón y desabrochaba el pantalón.

Abrió su cremallera y así ayudó a que el pantalón de Julián cayera sobre sus pies. Terminó de desabrochar los botones de la camisa y la quitó de su cuerpo. Deleitándose en su maravilloso cuerpo bien trabajado.

Mordió su labio inferior sintiendo un cosquilleo. Julián sacaba de ella lo más ninfómana que pudiera ser.

Julián quitó sus zapatos con la ayuda de sus pies sin quitar la mirada de ámbar. Quien lentamente quitaba su ropa sin decir una sola palabra. Provocando a Julián haciendo gestos lascivos, quitando cada prenda sin dejar de mirarlo.

—Lobita —gruñó Julián.

Acercándose a ella para besarla ferozmente. Su Delgado cuerpo fue levantado por los brazos gruesos de Julián subiéndole a sus caderas. Lentamente fue caminando al interior de la habitación donde decidió sentarla sobre un banquito.

—¿Quieres jugar? —Indagó Julián besando su cuello bajando hasta sus senos donde seguían cubierto por el pequeño brasier.

—Sí —respondió ámbar tartamudeando al sentir las manos de Julián acariciar sus pequeños pechos en cuanto se liberó del Brasier.

—¿Jugamos a los sabores sexuales? —propuso Julián mientras la llevaba a la cama y quitaba su panty dejándola totalmente desnuda y a su merced.

Ámbar solo asintió cegada por el placer que le daba la mirada penetrante de Julián.

Julián con una sonrisa se acercó en busca de unos chocolates crema batida y unas prendas

—Empiezo yo para que veas cómo es —dijo Julián acercándose a ella con todas las cosas en sus manos.

Las colocó a un lado de la cama y ató las manos de ámbar

Aquí no usaremos nuestras manos.

Dijo Julián mientras habría el pote de nutella y con su dedo untaba en los pezones de ámbar en su cuello en su ombligo hasta abrir un poco las piernas de ámbar y untar en su centro.

La sensación de frío hacía que ámbar soltaba jadeos deseosos. Su mirada brillaba de placer y deseo por saciarse.

Julián se metió una fresa a la boca y se acercó a los labios te ama. Quién abrió su boca casi soltando un gemido por la sensación que le daba solo sentir a Julián cerca de su cuerpo.

—Aún no te toco y ya estás gimiendo

—Le dijo con una sonrisa. Después de compartir la fresa con ella.

Ámbar solo estaba en silencio con su mirada brillante, su pecho agitado y deseosa de que Julián comenzará con su juego de una vez.

Como si sus deseos los escuchara Julián él comenzó besando su cuello lamiendo con sensualidad bajando a sus pechos donde chupaba el chocolate y la mía moviendo sus pequeños senos de un lado a otro.

La manera en que Julián los lamía tenían a ámbar desesperada y gimiendo incontrolablemente. Una sonrisa satisfactoria tenía Julián en su rostro bajando a su ombligo donde jugó hasta sentir que su lobita ya no tenía humedad en su garganta para seguir gimiendo.

—Juli —gimió ámbar al sentir la humedad de la lengua de Julián en su centro lamiendo el chocolate como si una paleta se tratara.

—Abre más tus piernas lobita. Recuerda que aquí no usamos las manos —Exigió Julián con sus manos atrás

Amar obedeció y habló abrió sus piernas sintiendo como la lengua de Julián se adentraba en su centro lo más profundo que podía. Varios intentos en los que cerraba las piernas y la mirada penetrante de Julián la obligaba a volverlas a abrir.

Sus manos dolían de tanto forcejear por querer jalar el cabello de Julián mientras llegaba a su primer orgasmo.

—Deliciosa, mi lobita —Susurró en su oído mientras desataba sus manos.

—Es mi turno ¿cierto? —preguntó ámbar con cierta perversión en su cara.

—Soy todo tuyo lobita —musitó Julián recostandose en la cama subiendo sus manos sobre su cabeza para que ámbar las amarrara a la cama.

Julián sonreía al ver a su luvita emocionada, con miles de ideas en su cabeza, que él buscaba descifrar.

—No estás obligada... —Las palabras de Julián fueron interrumpidas por un dedo de ámbar juntando chocolate en su pecho y pasando su lengua.

La sensación de placer que sentía ámbar era la misma que estaba sintiendo Julián con su acto.

Ámbar se fue atreviendo más usando la crema batida en la erección de Julián cubriéndolo como si de un helado o pastel se tratara.

—Lobita, ¡Aaah! —gimió fuertemente al sentir cómo andan se metía toda su erección a la boca.

Para ámbar era muy difícil ya que no podía usar las manos y ella sentía la necesidad de hacerlo.

—Olvídate de las reglas y hazlo como te plazca —Gruñó Julián al querer sentir las manos masajear mientras su boca hacía el trabajo.

Ella no podía creer lo que estaba haciendo Pero Julián la llevaba a esa locura, a esas ganas de experimentar todo lo sexual con él.

—Suéltame lobita, No hagas que termine así —Suplicó Julián.

Ámbar lo quedó viendo y decidió hacer lo que a ella se le viniera a la mente sin desatar a Julián, le regaló una sonrisa mientras se sentaba en su hombría lentamente.

—Desátame por favor —Suplico Julián.

Su respiración está totalmente agitada, sus ganas de querer tomar a ámbar por la cintura para agilizar sus movimientos eran inmensos.

Pero Ámbar, solo se movía lentamente viéndolo a los ojos con una sonrisa de satisfacción y excitación.

Te voy a castigar

Amenazó Julián cerrando sus ojos fuerte al sentir como como ámbar se movía desesperada llegando a su orgasmo eso provocando también que él estuviese a punto de terminar junto a ella.

Unos cuántos movimientos fueron suficientes para que ambos explotaran en un grandioso orgasmo.

Ambas posaron su cabeza sobre el pecho de Julián completamente agitada con un poco de dificultad desató sus manos.

—Espero que estés preparada para lo que viene —le advirtió Julián dándole la vuelta para ponerla en cuatro y azotar su trasero sin pudor.

—¡Julián! — Exclamó Ambar

Pero eso solo provocó que Julián volviera a azotar su trasero nuevamente sacando otro grito de ella.

Eso no le importó a Julián y continuó dando hasta que escuchó que ámbar lo estaba disfrutando.

Cuando se sintió totalmente excitado nuevamente invadió el inferior de ámbar con tanto deseo que ambos gimieron fuertemente.

—Dime qué te gusta. Grita mi nombre Lobita —Exigió Julián con voz ronca sin dejar el vaivén que tenía.

—¡Si juli, me gusta, quiero más! —suplicaba Ambar.

Sentía como sus paredes vaginales se contraen, deseando llegar al límite.

En esa pequeña cabaña solo se escuchaban sus gemidos y gritos de placer. Ámbar había sacado de Julián su lado rudo, posesivo que de manera satisfactoria lo estaba disfrutando.

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