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Capítulo 2

la multitud de rostros.

Algunos me resultan familiares, otros no.

De algunos he oído historias: que no conviene meterse con ellos o que son unos auténticos imbéciles.

- ¡ Ah! ¡Archer, qué gusto verte! - Un hombre alto y delgado se acerca a nosotros con una sonrisa y una mujer bellísima a su lado.

—Richard .

Sophia.

—Mi padre saluda a los dos.

—Ya conociste a mi esposa y a mi hijo, esta es mi hija, Sara .

—Sonrío cuando me los presentan.

—Estás preciosa, Sara —dice la mujer, Sofía, sonriéndome.

—Gracias .

Igualmente.

—Señalo su precioso vestido azul marino de sirena.

—Te pareces mucho a tu madre —dice Richard.

En el poco tiempo que llevo conociéndolo, he podido comprobar que es bastante ruidoso.

Para mi gran disgusto.

—Gracias .

Ya me lo habían dicho.

—Me río cortésmente.

La conversación pronto gira en torno a lo bien que está transcurriendo la velada y lo estupendos que lucen todos, a los exquisitos licores que coleccionan y, finalmente, a los negocios.

Es entonces cuando dejo de prestar atención por completo.

Aburrido de estar aquí de pie, tomo una copa de champán de una bandeja que pasa y comienzo a deambular por el salón.

Doy sorbos a mi bebida, deteniéndome de vez en cuando cuando alguien me saluda o me reconoce.

Lo único que puedo pensar es en el hambre que tengo.

La comida es, por decir lo menos, escasa.

Con raciones minúsculas dispuestas en las mesas del bufé, me pregunto cuándo serán esos grandes banquetes de los que tanto he oído hablar.

—Pareces aburrido.

—Una voz grave interrumpe mis pensamientos sobre la comida que tanto ansío.

Al girar la cabeza, veo al conocido Daniel Martinez.

Se yergue imponente con su traje completamente negro.

Su pequeña corbata negra es casi invisible sobre su camisa negra abotonada.

La chaqueta le sienta a la perfección sobre sus anchos hombros; se aprecia algún tatuaje en sus manos o asomando por debajo de la manga.

—En realidad tengo hambre —respondo .

Él suelta una risita.

Ese sonido despertó algo en mí.

Quizá las hormonas.

Probablemente.

Su cabello oscuro está revuelto, pero aun así le queda perfecto.

Sus ojos verdes me miran fijamente, y la tenue luz resalta su mandíbula perfecta.

—Bueno , la cena está a punto de empezar.

—Ahora toda mi atención está puesta en él.

El hombre mencionó la comida.

¡Me muero de hambre! —Bien .

No aguanto mucho con burbujas —digo antes de alejarme, dejando mi copa vacía en una bandeja y cogiendo otra.

Tengo muchísima hambre.

Daniel —¡Qué aburrimiento! —se queja mi mejor amigo, Liam.

Suspiro con resignación.

Todos los años vengo a este baile, me visto con camisas y corbatas ridículas que me asfixian y, por si fuera poco, mi padre me está señalando todo lo que hice mal.

Le doy una palmadita en la espalda.

—Pues ve a bailar —digo , señalando el montón de cuerpos bailando en la pista.

-¿Me concedes este baile? -Me tiende la mano con una sonrisa.

—¡Ojalá ! —Le aparto la mano de un manotazo mientras me río entre dientes.

—¡Joder ! —susurra mirando fijamente algo.

—¿Qué ? —pregunto .

Está absorto en su mundo, así que sigo su mirada hasta ver a la familia Chirinos.

Allí estaba la persona más hermosa que jamás había visto.

Sara Chirinos, con sus largas piernas bronceadas brillando bajo las luces, su cabello negro azabache recogido dejando al descubierto su bello rostro.

Era todo lo que cualquier hombre podría desear.

Sus caderas se movían con gracia al bajar las escaleras.

Sus ojos azul aguamarina eran los más hermosos que jamás había visto; podría contemplarlos todo el día.

Sonríe y saluda a una pareja, ¡y madre mía! Su sonrisa es tan deslumbrante como ella.

Sin duda, llama la atención.

—Tío . . .

¡reacciona! —Liam agita la mano delante de mi cara.

- ¿Qué? - Le pregunto ahora irritada.

—Te has puesto un poquito.

—Señala con el dedo sus labios.

—¿Ah , sí? —Le aparto el dedo de un manotazo.

—Sí , ya sabes, algo ahí mismo.

—Él retrocede mientras me acerco, con una enorme sonrisa en el rostro.

Comienzo a jugar a luchar con él, sujetándolo por el cuello.

Le acaricio el pelo mientras se retuerce intentando zafarse.

—¿Qué decías? —Me inclino para verle la cara.

—Más les vale portarse bien, muchachos.

—Ambos nos separamos y nos quedamos quietos al oír la voz de mi padre.

—Sí , señor —digo , con la sonrisa ya desaparecida.

—Bien .

Ahora compórtate, conocemos nuestra imagen, demuéstrala —dice con severidad antes de que mi madre se acerque con una dulce sonrisa.

- ¡ Chicos, estáis estupendos! - Mira entre Liam y yo.

—Yo estaba diciendo lo mismo.

—Mi padre me mira con reproche y luego mira a mi madre con una leve sonrisa.

—Bueno , adelante, que se diviertan esta noche.

—Nos despide con un gesto mientras sonríe y habla con mi padre.

—Siempre le tendré terror a tu padre.

—Liam se ríe entre dientes.

—Sí .

—Me río aunque no tenga gracia.

Porque, la verdad, le tengo pavor a mi padre.

—Mira , ahora es tu oportunidad.

Ve a hablar con ella.

—Liam me da un codazo.

Miro hacia un lado y veo a Sara de pie sola, con una copa de champán en la mano, mientras observa a la multitud.

—No lo sé.

—Dudo .

—Tío , vete.

—Liam me empuja hacia ella.

Me acerco a ella, me quedo a su lado y parece no darse cuenta aún de mi presencia.

—Pareces aburrido.

—Me doy a conocer.

Se gira hacia mí y, si ya la veía hermosa de lejos, de cerca la cosa cambia por completo.

Tal como imaginaba, me quedo embelesado mirando sus preciosos ojos.

El azul brillante reluce y centellea con la luz.

Su linda nariz respingona tiene pecas claras esparcidas por sus mejillas.

Sus labios rojos y carnosos me atraen irresistiblemente.

Besar esos labios es como un sueño perfecto del que nunca quieres despertar.

Es.

Impresionante.

—En realidad tengo hambre.

—Su voz es delicada pero fuerte.

Me río entre dientes al verla.

La leve sonrisa que se dibuja en sus labios mientras me observa acelera mi corazón.

Si es posible, sus ojos, en especial, se vuelven aún más deslumbrantes.

La cena comenzará pronto.

Como he venido aquí tantas veces, ya sé cuándo empieza la cena.

—Bien .

No puedo aguantar mucho solo con burbujas.

—Me sonríe con sorna antes de marcharse.

No puedo evitar mirarla mientras se aleja a grandes zancadas, cambiando su vaso vacío por uno lleno al pasar un camarero.

Niego con la cabeza al pensar en la chica a la que le he cogido cariño en tan poco tiempo.

-¿Ya la asustaste? - Liam se acerca y me ofrece una bebida.

—No .

No lo creo.

—Mis ojos no se apartan del ángulo en el que camina mientras se mueve por la habitación.

—Vale ,

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