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Capítulo 10

La música sigue sonando mientras cruzo la calle, pasando por la licorería donde trabaja Rafael. Después de anoche, no creo que vuelva a probar otro tipo de alcohol.

Los sábados ya no me divierten tanto como antes. Pero al menos hoy tengo tiempo después de mi turno en la barbería, y puedo ir a pasar el rato con Amaiah.

Luego tengo que ir a casa a preparar la cena, y después tengo que cortarle el pelo a Emilio cuando vuelva a la barbería para cerrar.

—¡Lucía , estás en la mesa! —dice María, pasando a mi lado mientras me pongo el delantal.

—¡Ah , y ha habido un cambio en el código de vestimenta! ¡Ahora podemos usar joyas! —exclama , tocándose los pendientes.

Sonrío, pero luego frunzo el ceño.

¿Por qué cambió repentinamente hoy?

-Lucía , ¡hay que pedir bebidas para la mesa !

¡Ay, Dios mío!

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—No , no pasó nada raro. Simplemente me llevó a casa —le dije a Amaiah, que estaba haciendo un montón de preguntas sobre la noche anterior.

—Bueno , me siento mal por haberte dejado ahí con él. Da un poco de miedo —dice , dando un sorbo a su café con leche.

—No te sientas mal. Tú estabas en peor estado que yo, y quería asegurarme de que llegaras a casa —le aseguro.

—¿Pasó algo con Axel? —Le muevo las cejas coquetamente.

—No , nada de eso —se encoge de hombros— . No quería presionarme .

Sonrío al pensar en eso, sabiendo que si Axel le tocara un pelo, estaría muerto al instante. Gracias a mí.

—Y Tori me contó que por fin llegó su estudiante de intercambio. Se va a quedar con ellos hasta el final del curso —dice Amaiah, sacando su teléfono para enseñarme una foto.

—¡Oh , qué alta es! —digo , mirando a la chica rubia en la pantalla—. ¿ De dónde es ?

—Alemania —dice Amaiah— . Y dentro de unas semanas, Tori irá allí para intercambiar lugares. Así funciona el programa o algo así .

—¡Mierda , tengo que ir a casa a preparar la cena! —Miro la hora—. Nos vemos el lunes —Saludo a Amaiah.

—Adiós , cariño —dice ella devolviéndole el saludo con la mano.

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—No me jodas, Retta —me dice Emilio mientras enciendo la máquina de cortar el pelo, y miro de reojo a Rodrigo, mi compañero de trabajo, que se está partiendo de risa en su silla.

- Cállate, - Le doy un golpe en la sien.

—¿Subes el volumen de la música, Rodrigo? —pregunta mi otro compañero, Rubén. Rodrigo suspira dramáticamente, pero como era tarde y solo teníamos clientes sin cita previa el resto de la noche, accede.

Miguel suena en la radio, y yo me abstengo de cantar muy alto al oído de Emilio.

—Ahora que la has enganchado, Rubén —murmura Emilio, mientras mira su teléfono.

—No juegues con los corazones de las chicas, Emilio —le digo mientras le contesta a una chica. Emilio me mira en el espejo. Me río de mi propio chiste y empiezo a recortarme un poco la parte de arriba.

—Tus rizos son diferentes en la parte de atrás, es más difícil de cortar, así que no hagas movimientos bruscos —le regaño.

—Eres toda una mamá, Lucía —dice Rodrigo, al parecer, porque todo le parece divertidísimo .

—Sí , sí —le digo para que se vaya. Dejo las tijeras y cojo un poco del producto que usa Emilio, aplicándoselo en el pelo.

—Mira , mira —le giro en la silla—, ¡ qué elegante estás ! —y le doy una fuerte palmada en la nuca.

- ¡ Retta! - se frota la nuca y luego intenta perseguirme por la tienda.

—¡Cuidado , Ávila! —grita mi jefe, Leo, desde el sofá. Emilio y yo nos quedamos paralizados, y oigo a Rodrigo reír de nuevo.

Ese tipo nunca para.

—Lo siento, Leo —digo , apartando a Emilio de mi camino para ir a barrer.

Suena el timbre sobre la puerta y oigo a los chicos hablando. El pelo de Emilio en el suelo es difícil de quitar, así que termino agachándome y echándolo al recogedor para tirarlo. Al levantarme, noto algo detrás de mí en el espejo y alzo la vista, viendo los ojos grises de Eros mirándome fijamente.

Me giro tan rápido que casi me da un latigazo cervical.

¡Maldita sea, de verdad esperaba olvidarme de este tipo!

—¿Necesitas algo? —Levanto una ceja mientras me acerco al cubo de basura.

—Ávila , es una advertencia de Leo. Aunque no necesito sus advertencias. Leo es como mi segundo padre. Así que tiene sus pros y sus contras. Supongo que tengo demasiado carácter para él.

Miro a Rodrigo y lo veo ocupado con la amiga rubia de Eros, y Rubén ya está liado con uno de los gemelos. Bueno, supongo que son gemelos porque el otro está sentado en el sofá hablando con Leo.

¡Joder!

—Déjame lavarme las manos —giro el asiento hacia Eros y luego camino hacia el baño.

Señor, concédeme paciencia con estos hombres.

Mientras me lavo las manos, me miro en el espejo. Parezco como si no hubiera dormido en tres días.

Excelente.

No es que me importe cómo me veo delante de él ni nada por el estilo.

Debería empezar a trabajar solo con cita previa. Pero ganaría la mitad de lo que gano con los clientes sin cita.

Me echo la trenza sobre el hombro, respiro hondo y salgo del baño.

Eros está sentado en mi silla y me acerco a buscar mis herramientas limpias. Me subo los pantalones, dispuesto a hacer todo lo posible por no cortar a este hijo de puta.

—Eres demasiado alto —murmuro , bajándolo un poco, y él me sonríe con sorna en el espejo. Maldito imbécil.

Le pongo una tira de Sanex alrededor del cuello para que la capa no le moleste. Emilio no tiene esa suerte. Quiero que le pique el cuello.

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