Librería
Español
Capítulos
Ajuste

Capítulo 8

Fatoumata: —¿Quién era?

—Nadie.

Me dirijo a la habitación y me subo a la cama.

La vida es cruel a veces, ¿no?

La gente te deja tirado y te encuentras abandonado a tu suerte.

—Bueno… tenía hambre.

Le doy un mordisco a mi hamburguesa y enciendo la tele.

No hay nada mejor que un buen rato para uno mismo.

Pasan las horas y llega la noche.

Leandro acaba de llegar y Fatoumata se acaba de ir.

Mi querido esposo tiene una nueva costumbre: entrar en mi habitación para ver si estoy bien.

Sorprendente, ¿no?

No nos hemos peleado en los últimos días.

No somos los mejores amigos del mundo, pero digamos que intentamos convivir sin discusiones.

—Estoy bien.

Leandro: —¿Y yo, no me preguntas?

—¿Debería? ¿Tú también has salido del hospital?

Suspira y entra en mi habitación cerrando la puerta.

Leandro: —¿No deberíamos… dejar de pelearnos?

Para.

Para, en serio.

—¿Perdón?

Leandro: —Yo…

—No, para.

Es una broma, ¿verdad?

Leandro: —…

—Desde el principio de este matrimonio, ¿quién de los dos ha despreciado más al otro?

Me humillas.

Me menosprecias constantemente y, aun así, te recuerdo que hace unos días estaba en una cama de hospital sufriendo un martirio por tu culpa… ¡y lo peor de todo es que te cubrí ante mis hermanos mayores!

Leandro: Yo no te lo pedí…

—¿Ah, porque hubieras preferido que les dijera la verdad?

Leandro:…

—¡Vale! Lo haré ahora mismo si tanto te interesa.

Cojo mi teléfono y busco el número de David.

Leandro: Ya está bien. Ya está bien… No he dicho nada.

—Me das asco.

No tengo ganas de hablar contigo.

Leandro: Reconozco que no he sido un caballero contigo… ¡ni mucho menos!

Lo siento y me di cuenta de todo eso el día que te vi en esa cama de hospital y me protegiste frente a tus hermanos.

Soy un idiota, lo reconozco, y quiero que sepas que a partir de hoy haré todo lo posible por hacerte feliz.

—Ya lo veremos.

En ese momento, suena su teléfono.

Pude leer el nombre de Luciana.

—Ah… ¡bueno, has empezado bien!

Leandro: Yo…

—Que pases una buena noche, Leandro.

Leandro: Pero yo…

—Que pases una buena noche.

Amanece otro día, el 23 de abril de 201*.

Hace ahora cuatro meses y nueve días que me casé con este hombre.

¿Cómo te sientes?

¿Qué sientes?

Nada en particular… sobre todo en mi caso.

Salgo de la cama y me dirijo al baño.

Me doy una ducha caliente y me tomo mi tiempo para cuidar mi piel.

Salgo del baño vestida con una simple toalla.

Me dirijo a la cocina y me preparo una taza de café. Dos cucharadas de azúcar, como siempre.

La lluvia caía con fuerza sobre el suelo de nuestro barrio.

Los coches pasaban y salpicaban a algunos transeúntes con paraguas.

Hoy me quedo en casa, eso es seguro.

Mi café está listo.

Lo saboreo mientras navego por las redes sociales.

Nada interesante.

En ese momento, tus brazos rodean mis caderas.

Me das un ligero beso en el hombro.

Estas últimas semanas han sido maravillosas.

Me había equivocado más o menos con respecto a este hombre.

Es grandioso.

Es extraordinario.

Leandro: Buenos días, belleza…

Me sobresalto.

Suena mi despertador.

Estamos en 23 de abril de 201*, llueve y acabo de despertarme, con el pelo revuelto y muy cansada.

Qué sueño.

Bueno… ¡qué pesadilla!

Parecía real, ¿verdad?

Apago el despertador y me dirijo al baño para asearme.

Me visto nada más salir del baño y me dirijo a la cocina.

Fatoumata no trabaja hoy y yo tengo una entrevista, porque sí, el señor ha acabado aceptando que busque trabajo.

Preparo mi café mientras reviso mis correos electrónicos.

Nada que destacar.

Me he puesto unos vaqueros y una camisa azul marino, además de unos tacones negros.

Me he hecho un moño bajo y me he maquillado ligeramente.

Me termino la taza de café y cojo mi bolso y mi chaqueta.

No encuentro mi paraguas.

Son las 8:56 y mi cita es a las 9:30.

—Maldición.

Busco por toda la casa, pero no lo encuentro.

Subo a la habitación de mi querido esposo sin siquiera llamar a la puerta.

Me lo encuentro dormido junto a su amada, Luciana.

—¿Leandro?

—¿Leandro?

—¡Leandro!

Se despierta.

Leandro: —¿Qué?

—¿No has visto mi paraguas?

Leandro: —No, ¿por qué?

—Por nada… por nada.

Luciana: —Mmh… ¿podrías cerrar la puerta, por favor? Estoy cansada.

—Cállate tú.

Cierro de un portazo la puerta de su habitación y salgo.

Da igual, saldré así y correré hasta mi parada. Con tacones.

Es horrible.

La peor sensación del mundo.

Correr bajo la lluvia.

Al llegar a mi parada, me doy cuenta de que mi autobús lleva retraso.

Son exactamente las 9:14.

Estoy en un lío…

En un lío total.

—Y qué más da, voy a ir andando.

La lluvia arreciaba a medida que avanzaba.

Me había puesto la chaqueta en la cabeza y caminaba rápidamente.

Son las 9:37 cuando llego a la oficina.

He solicitado el puesto de secretaria en una empresa de importación/exportación.

Empiezo muy mal, lo sé.

Llego completamente empapada.

Bonita primera impresión.

Me recibe una secretaria que me dirige directamente a la oficina del responsable de RR. HH. y me asegura que aún no ha llegado.

Me siento en unas sillas que hay disponibles.

Somos exactamente cinco los que vamos a pasar esta entrevista.

No estoy muy nerviosa.

Solo espero conseguir el trabajo.

Cruzamos los dedos.

Secretaria: ¿Señora Montoya?

Sí.

Secretaria: Es tu turno.

Respiro hondo antes de entrar en la oficina.

Un hombre con mucha elegancia.

Compleción atlética… pulcro… cuadrado…

¡Realmente muy guapo!

—Buenos días, señor….

—Señora Montoya… encantado de conocerte, me dice tendiéndome la mano, que yo estrecho.

—Encantada también….

—Toma asiento.

Me llamo Bruno, podemos tutearnos.

—Eh… bueno…

Bruno: —Bueno, no voy a andarme con rodeos, creo que te voy a elegir a ti.

Tienes las cualificaciones que buscamos y se nota en tu rostro que eres muy seria… y muy guapa también, por cierto… ¿qué te parece si empiezas la semana que viene?

—¿Qué?

Ni siquiera he hecho prácticas… o… bueno… para los demás es injusto y…

Bruno: —Lo sé, pero por desgracia así es el mundo laboral.

O lo tienes o no lo tienes.

¿Entonces? ¿Quieres o no quieres?

Bueno… creo que voy a aprovechar la oportunidad.

Parece un trabajo bastante divertido y además me permitirá estar menos en casa…

—De acuerdo… de acuerdo, firmo.

Bruno: —Bien… entonces bienvenida a ExpertEI.

Al salir del edificio, la lluvia había amainado.

Me dirijo a la parada de autobús con los audífonos puestos.

Y entonces, lo impensable ocurrió…
Descarga la aplicación ahora para recibir recompensas
Escanea el código QR para descargar la aplicación Hinovel.