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Capítulo 1 Trato con el demonio

El fuerte viento de diciembre azotaba la ciudad de Nueva York, levantando polvo y hojas secas en remolinos. Lena, con el ceño fruncido, se refugiaba en la farmacia, esperando que la furia del viento amainara. Necesitaba llegar a casa lo antes posible; su padre la esperaba.—Ena —oyó que la llamaban.

Lena suspiró. —¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Es Lena, no Ena —corrigió, con un tono de fastidio en la voz.

—Vaya, alguien se levantó con el pie izquierdo —comentó Pat, la técnica de farmacia, con una sonrisa burlona. —¿Hice algo malo?

—Es solo que... me cansa tener que corregirte a cada rato. ¡Lena, no Ena! —enfatizó Lena, reprimiendo un gruñido.

—Entendido, Lena —dijo Pat, levantando las manos en señal de rendición. Luego, se asomó a la puerta—. Parece que la lluvia está amainando. Si te apuras, quizás llegues a casa sin mojarte demasiado.

Lena asintió, guardando el pequeño paquete con los medicamentos en su bolso. Calculó mentalmente la distancia entre la farmacia y su casa. Si la lluvia no empeoraba, podría llegar sin problemas.

—Adiós, Pat —se despidió, saliendo a la calle.

—¡Espera, Lena...! —Pat salió corriendo tras ella, pero Lena ya se había adentrado en la lluvia. La técnica de farmacia se encogió de hombros y regresó al interior del local.

La lluvia arreció de repente, empapando a Lena en cuestión de segundos. La joven maldijo en voz baja, mientras el agua helada calaba hasta sus huesos. Apenas podía mover los pies y el frío la hacía temblar. Buscó refugio con la mirada, pero no había ningún lugar donde resguardarse.

De repente, escuchó el claxon de un auto y se giró justo a tiempo para evitar ser atropellada. El susto la dejó temblando aún más. Miró su ropa empapada y el paquete con los medicamentos, preguntándose cómo le diría a su padre que había perdido la medicina.

"No importa, lo repondré con el dinero que tengo ahorrado", se dijo a sí misma. "Pero necesito mi tarjeta..."

Con un suspiro de frustración, Lena se frotó las sienes y continuó caminando bajo la lluvia torrencial. Deseaba tener un coche para no depender del clima.

Unos metros más adelante, notó que el auto que casi la atropella iba a su misma velocidad. El conductor bajó la ventanilla y le ofreció llevarla. Lena negó con la cabeza y aceleró el paso. No confiaba en los extraños, y menos aún después de las noticias sobre mujeres desaparecidas que había escuchado últimamente.

El coche la siguió durante un rato, lo que aumentó su inquietud. "¿Qué querrá ese tipo?", se preguntó Lena, con el corazón latiendo con fuerza. "¿Acaso intenta secuestrarme?"

Finalmente, el coche la alcanzó y el conductor volvió a detenerse.

—¿Qué demonios quieres? —gritó Lena, furiosa y asustada.

—Tranquila, mi jefe quiere hablar contigo —respondió el hombre con una sonrisa amable. —¿Puedes esperarnos un momento?

—¡No me importa quién sea tu jefe! ¡Estoy empapada y necesito llegar a casa! —replicó Lena, alejándose del coche.

—Señor, la chica no quiere saber nada. ¿La sigo? —preguntó el chofer, mirando a su jefe.

—No, déjala ir. No me interesa —respondió una voz grave desde el interior del vehículo.

El coche se puso en marcha y Lena suspiró aliviada. "Menos mal que se fueron", pensó.

Apresuró el paso, rogando para que la lluvia no volviera a arreciar. Al llegar a su casa, notó que un coche idéntico al que la había seguido estaba estacionado frente a la puerta. "¿Será posible?", se preguntó Lena, con el corazón en un puño.

Con cautela, se acercó a la puerta y la abrió. Para su sorpresa, el chofer estaba allí, hablando con un hombre al que no pudo verle el rostro.

—¿Tú otra vez? —exclamó Lena, señalando al chofer.

El hombre sonrió, sorprendido de verla. Lena entró en la casa y vio a su padre sentado en el sofá, con un aspecto débil y cansado.

—¿Papá? —llamó Lena, con un nudo en la garganta.

En ese momento, sus ojos se posaron en el hombre que estaba de espaldas. Era alto, de complexión atlética, y llevaba una camiseta ajustada que dejaba entrever sus músculos. Tenía el cabello largo recogido en un moño y fumaba un cigarrillo con una calma que contrastaba con la tensión del ambiente.

Lena se quedó sin aliento. Jamás había visto a un hombre tan atractivo. Su rostro era perfecto, con rasgos definidos y una mirada intensa que la penetró hasta el alma.

El hombre no se inmutó ante su presencia. Siguió fumando, ajeno a la mirada de Lena.

—Papá —repitió Lena, apartando la vista del desconocido.

Su padre la miró con preocupación. —Hija, ¿qué te ha pasado? Estás empapada.

—La lluvia... me atrapó en la calle —explicó Lena, tratando de disimular su nerviosismo.

—¿Y los medicamentos? —preguntó su padre, con el ceño fruncido.

Lena bajó la mirada, avergonzada. —Se mojaron —admitió en voz baja.

—¡Pero cómo pudiste ser tan descuidada! —exclamó su padre, visiblemente molesto.

—Lo siento, papá. Intenté protegerlos, pero la lluvia fue demasiado fuerte —se disculpó Lena, con lágrimas en los ojos.

—Tendré que conseguirte otros medicamentos —dijo su padre, resignado.

—No te preocupes, yo los compraré. Tengo dinero ahorrado —se apresuró a decir Lena.

—¿Y tu tarjeta? —preguntó su padre.

—No la traje conmigo —respondió Lena, con un hilo de voz.

—Tendrás que ir a buscarla. Necesitamos esos medicamentos lo antes posible —insistió su padre.

Lena asintió, dispuesta a salir de nuevo bajo la lluvia.

—Espera, yo te acompañaré —se ofreció el chofer, acercándose a Lena.

—No, gracias. Puedo ir sola —rechazó Lena, sin querer tener nada que ver con ese hombre.

—No te preocupes, no te haré daño —dijo el chofer, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Prefiero ir sola —repitió Lena, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—Como quieras —se encogió de hombros el chofer, apartándose de su camino.

Lena salió de la casa y se adentró en la lluvia, decidida a conseguir los medicamentos para su padre. Mientras caminaba, no podía dejar de pensar en el hombre que había visto en su casa. Su rostro, su voz, su mirada... todo en él la había cautivado de una manera inexplicable.

"¿Quién será ese hombre?", se preguntó Lena, con el corazón latiendo con fuerza.

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