Capítulo 3
Hace tres semanas que estoy aquí y ahora sí estoy empezando a perder la cordura, he intentado golpear las ventanas, romper la puerta, hacer un incendio, de todo, pero este lunático ha previsto todos y cada uno de mis movimientos, no fue del todo mentira que planeo todo para descansáramos tranquilos, solo que yo era la única intranquila en esta situación.
—¿Aún no estás durmiendo?— su curiosidad invadió la habitación junto a su presencia.
—¿Crees que podría dormir sabiendo que hay un psicópata cerca de mí?— Se ve que el humilde tiempo de soledad que me otorgó al llegar aquí se ha acabado. Todo este tiempo, él se mantuvo durmiendo en alguna otra habitación de esta inmensa mansión.
—Bueno, si no vas a dormir, sé de algunas cosas que podríamos hacer— No puedo creer que él sí crea que yo estoy dispuesta a ceder ante él en estas situaciones.
—Te lo advierto, Augier, no te me acerq...
Y así sin más, se acercó a mi jalando de mi pierna, cual reposaba sobre la cama, y llevándome hacia la esquina de la misma, logró besarme antes de que pudiera percatarme de su cercanía y así huir de él. Pensé que sería uno de esos besos que te harían sentir repulsión, de los que no levantan el más mínimo deseo pero la realidad me habría jugado en vano de nuevo, no fue así, este estaba cargado de pasión y lujuria, es como si hubiera un fuego en su beso que estuvo conteniendo durante mucho tiempo.
Cuando me di cuenta de que me estaba dejando llevar por él y su embriagador aroma reaccioné, tomé coraje y lo golpeé en el rostro.
—Oye, pero que...— dijo atónito ante mi acción, creo que él también llegó a sentir ese instante en el cual me estaba dejando llevar.
— No vuelvas hacer eso en tu vida. Yo no soy una de esas mujeres que están constantemente detrás de ti rogando para que las lleves a tu cama.
Vi una chispa de furia formándose en su rostro, pero no me asustó, no después de ese sentimiento que me había transmitido hace un momento, me agarró el mentón y me acercó a él.
—No vuelvas a golpearme, Alice... Puedo perdonarte lo que sea menos eso— como si quisiese que lo hagas, debería preocuparte más el que yo te perdone no lo que tu me vas a perdonar o no, siempre actuando bajo su gran ego. Pero la realidad es que la forma en que dijo eso hizo que me estremeciera por dentro, debía hacer algo antes de flaquear frente a él.
—Ya vete, si no vas a tener los pantalones para darte cuenta de que no siento nada por ti y liberarme, entonces al menos podrías tener la decencia de dejarme sola.— disparé mis palabras como recurso para que él se alejase de mi y así abandonara la habitación mas no funcionó.
—No puedo hacer eso.—¿Enserio estaba haciendo eso? Nicolas Augier, un hombre imponente, temerario, con un físico y estatura increíbles, estaba ahora mismo frente a mi con ojos llorosos y suplicantes de mi.—Te deseo, Alice. Quiero que seas mía esta noche.
—¿Qué acaso no puedes buscar a una de esas chicas de piernas largas para que te haga el favor?— sé que no necesito ser yo, sé que cualquiera pudiera saciar sus necesidades pero algo dentro de mi quiere que me diga que soy la única que puede.
—Alice, no quiero a ninguna de esas chicas. Te quiero a ti. A mí esposa, me contuve desde que te conocí pero ya no puedo controlarme más.— me respondió, como si mis pensamientos estuviese escuchando todo este tiempo.
Me tomó por la cintura y me arrojó a la cama. Comenzó a desgarrarme la ropa mientras iba besando mi cuerpo
—Suéltame Nicolas, no hagas esto por favor— mis palabras anunciaban una cosa pero mi mente traicionera otra completamente distinta.
—Me pegaste ¿Recuerdas? Tienes que remediar tu error de alguna u otra forma.
—Pero no tiene que ser de esta manera— lleno de lujuria decidió hacer caso omiso a lo que estaba diciendo
—De hecho sí, yo así lo deseo— procedió a retirar mi camisa previamente rasgada y me quitó la falda que llevaba, se tomó un momento para observar mi cuerpo apenas cubierto por la ropa interior de encaje que llevaba.
—Eres más hermosa de lo que pude haberme imaginado—Se atrevió a despojarme de la parte inferior de mi ropa interior, traté de detenerlo pero me sostuvo ambas manos, luego fue acariciando mi cuerpo con sus manos hasta dar con mi entrepierna, donde introdujo dos dedos sin previo aviso, dejándome escapar un leve gemido.
—Espera...agh...
—Alice, tú... ¡No eres virgen!— Soltó mis manos y se apartó de mi, como quise desde un inicio, pero el hecho de que su mirada me transmitiera lo mucho que estaba decepcionado de mi, me intimido e hizo sentirme culpable.
—Así es, no lo soy ¿Y?— Pregunté tratando de liberarme de esa irrazonable culpa.
—¿Cómo puede ser esto posible? nos comprometimos cuando apenas tenías 18 años— Que nos hayamos comprometido a corta edad, debido a un arreglo entre nuestros padres, no significa que yo no haya vivido mi vida todo este tiempo.
—Muchas cosas pueden pasar en la secundaria, Nicolas— Pero, de hecho, haber perdido mi virginidad debido al alcohol en la secundaria es un error que no me place recordar.
—Con quién?
—Eh?
—¿QUIÉN FUÉ?— el ambiente fue invadido de grotescas preguntas.
—¿Acaso importa en estas instancias?
—Sí, sí importa, quiero saber quién fue el hijo de puta que se atrevió a tocar a mi esposa.
—¡Que no soy tu esposa, entiende!
—Eso lo veremos— Nicolás se levantó de la cama y salió de la habitación hecho una furia. Cuando se fue no pude evitar sentirme culpable, como si de cierto modo lo hubiese engañado, pero es que eso fue hace mucho, después de que me comprometí con él nunca salí con nadie, tenía miedo de lo que mis padres o él pudieran haber hecho.
