2. SEÑORITA VALASTRO
Un frío recorrió el cuerpo de Jazmín al escuchar la noticia. El miedo la invadió ante la posibilidad de que algo grave le sucediera a Jin, y la idea de que Jiar también pudiera estar enfermo la angustió aún más. «No, por favor, que estén bien», pensó con el corazón en un puño.
—Bien —dijo Jazmín con determinación, tratando de ocultar su creciente ansiedad—. Amber, necesito que te asegures de que Lily los recoja en el aeropuerto con su camioneta y su chofer personal, Ricardo. Quiero máxima discreción. No quiero que esto circule en los medios, mantén alejados a los reporteros y fans de mis artistas. Quiero que mi médico privado, el doctor Ramirez, los espere en mi casa para revisarlos a todos en cuanto lleguen. Quiero que se queden en mi casa, no en el hotel. Y, sobre todo, Amber, asegúrate de que Jin tenga atención las 24 horas y que Jiar no se enferme. Es importante para mí.
—Entendido, señorita Valastro —respondió Amber, tomando nota mental de cada instrucción.
Jazmín se giró hacia Julian, quien seguía con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
—¡Pero es que a ellos sí les prestas atención! —exclamó Julian con voz chillona, dando una patadita al aire—. ¡Siempre es lo mismo! ¡Park y Choe, Park y Choe! ¡Y yo qué! ¿Acaso no soy tu hermano? ¡Papá se va a enterar de esto! ¡Le voy a decir que me ignoras!
—Julian —dijo Jazmín con voz firme pero paciente—. Ya te dije que hablaremos de esto después. Ahora mismo, la salud de Jin es una prioridad. Entiéndelo, por favor. Si es tan urgente lo de tu asistente, pide a Recursos Humanos que te consigan a alguien temporal. Dile al jefe de Recursos Humanos que se encargue de llamar a una asistente temporal, y que, por órdenes mías, a quien te estaba asistiendo la quiero mañana en la oficina antes de reunirme contigo a las seis de la tarde. ¿Cómo es que se llama tu asistente, Julian?
—Mmm… —Julian entrecerró los ojos, llevando una mano a su barbilla en un gesto exagerado de concentración. Sus labios se movían en silencio mientras intentaba recordar el nombre, como si fuera un acertijo complejo—. Era… era… ¡Ay, no me acuerdo! —exclamó finalmente con un puchero—. No quiero hablar con el jefe de Recursos Humanos, siempre me trata mal.
Jazmín suspiró profundamente, sintiendo un profundo cansancio ante la actitud infantil de su hermano. «¿De verdad tengo que lidiar con esto ahora?», pensó, masajeándose las sienes con la punta de los dedos. Julian lograba sacarla de quicio con una facilidad exasperante.
—Julian… por favor —expresó Jazmín con un tono de voz que denotaba agotamiento.
—Pídeselo a Amber, yo tengo que solucionar lo de los colores para la presentación del vestuario —respondió Julian con desinterés, una sonrisa traviesa dibujándose en su rostro. Parecía satisfecho de haberse salido con la suya. Dio media vuelta, listo para irse—. Es que necesito el verde esmeralda exacto, el que usó la modelo en Milán, no puedo perder más tiempo.
—Julian —dijo Jazmín con voz firme pero paciente—. Ya te dije que hablaremos de esto después. Ahora mismo, la salud de Jin es una prioridad. Entiéndelo, por favor. Y ya te di una solución momentánea.
Julian, ignorando por completo la seriedad en el rostro de su hermana y sus palabras, se limitó a sonreír con suficiencia mientras sacaba su teléfono móvil. Marcó un número rápidamente.
—Amber, cariño —dijo Julian con un tono meloso que contrastaba con su anterior berrinche—. Jazmín necesita que vuelvas a la oficina. Dice que tiene algo importante que pedirte. Sí, sí, ahora mismo. Gracias, preciosa.
Jazmín observó la escena con una mezcla de incredulidad e inquietud. «¿Qué estará tramando ahora?», se preguntó, aunque intentó mantener la compostura. Dirigió una mirada a Amber, quien regresaba a la oficina con una expresión ligeramente nerviosa.
—¿En qué puedo ayudarla, señorita Valastro? —preguntó Amber con su habitual profesionalismo, aunque con un ligero temblor en la voz.
—Amber, por favor, ¿puedes encargarte de lo de Julian? —dijo Jazmín rápidamente, cubriendo la pantalla con la mano, con la preocupación por Jin aún presente en su voz—. Necesito que averigües el nombre de su asistente y hables con Recursos Humanos. Diles que la necesito aquí antes de las seis. Pero ahora mismo, lo más importante es que te coordines con Lily para la llegada de Jin y los demás. Asegúrate de que todo esté listo para que el doctor Ramírez los revise en cuanto lleguen a mi casa. ¿Entendido?
—Sí, señorita Valastro. Enseguida me encargo —respondió Amber, asintiendo con la cabeza y saliendo rápidamente de la oficina para cumplir con la orden.
Jazmín suspiró aliviada al verla irse. Al menos, se había librado temporalmente de la interrupción de su hermano. Volvió su atención a la pantalla de su teléfono, donde Leonardo seguía en la videollamada, aunque con el audio silenciado. Desmutó el micrófono.
—Disculpa nuevamente, Leonardo —dijo Jazmín, forzando una sonrisa—. ¿En qué estábamos?
—Estábamos hablando de los accesorios —respondió Leonardo, con una media sonrisa—. Te comentaba que creo que deberíamos usar una paleta de colores más neutra para complementarlos. ¿Qué te parece la idea de utilizar tonos tierra y dorados?
—Me parece excelente —respondió Jazmín, asintiendo—. Creo que esos tonos complementarían a la perfección los diseños de Julian. ¿Has hablado con él al respecto?
—No directamente —admitió Leonardo—. Preferí consultarlo contigo primero. Sabes cómo es Julian, a veces es un poco… sensible con sus creaciones.
Jazmín soltó una pequeña risa.
—Sí, lo sé. Yo me encargaré de hablar con él —dijo Jazmín—. Pero estoy de acuerdo contigo, los tonos tierra y dorados son una excelente opción.
—Perfecto —dijo Leonardo—. Entonces, ¿te parece si avanzamos con esa paleta de colores? Tengo algunos bocetos que me gustaría mostrarte.
—Por supuesto —respondió Jazmín, enderezándose en su silla—. Muéstramelos.
