Capítulo 7
Odio admitir que tiene un encanto desarmante, además de tener una cara bonita, se nota que constantemente se mantiene en forma y su altura insuperable lo hace inalcanzable para nosotras los simples mortales, fuera del alcance de niñas pequeñas como yo.
Apuesto a que si esa discusión no hubiera ocurrido abajo, él nunca jamás me habría hablado. Ni siquiera se habría dado cuenta de mi existencia.
El técnico finalmente decide darle una explicación a toda la clase muda y dice con voz segura y fuerte – Buenos días, perdón por la demora pero tuve un evento inesperado –
Gira la cabeza y fija sus malvados ojos en mí. Ya casi es hora de que tome mis cosas y salga corriendo de clase, está muy cerca.
Huyo de su mirada y trago, dándome cuenta de que definitivamente estoy metida en una mierda, el chico no está aquí para mí y empiezo a tener un muy mal presentimiento.
Mientras tanto, busco dentro de mí el coraje, que primero se mostró en toda su bravuconería y ahora está escondido en lo más profundo de mi cuerpo.
Decide apartar la mirada de mí, dejándome finalmente respirar y anuncia a toda la clase casi con soberbia y soberbia – Mi nombre es Bilel Robis y soy su nuevo profesor de matemáticas y física –
Ok, gracias chicos... ha sido un placer estar en esta clase durante cuatro años, pero ahora es el momento de alejarnos.
Espero a que se ría y diga que en realidad es técnico de máquinas expendedoras y quería hacer todo esto para hacernos reír, pero en el aula reina el silencio.
¿Entonces no es una broma?
¿Ningún técnico disfrazado de profesor?
¿Todo es verdad?
¿Esto realmente está sucediendo?
Tardo un par de segundos en darme cuenta de todo y, conteniendo las náuseas, miro a mi alrededor.
Toda la clase sigue en silencio, incluidos los niños, pero me separo del grupo y hablo. ¡Por supuesto que hablo! - Nadie nos avisó de nada, deberíamos tener al profesor Odduccia en los exámenes. ¿Estás seguro de que estás en la clase correcta? - Pregunto con frialdad, dispuesto a echarlo de clase.
Desvía su mirada hacia mí, casi con fastidio, y tomándose unos segundos más para mirarme furiosamente, dice muy lentamente, girándose hacia el pizarrón – El profesor ha dimitido. Lo siento por usted, señorita, pero este año estaré allí ...
¡Ni siquiera tienes pelotas para decirme cosas en la cara!
Nadie le quita una segunda patada, maldita sea.
Sacudo la cabeza con total molestia al escuchar una voz femenina chirriar – Profesor Robis, estoy muy emocionada de comenzar el año escolar con una nueva profesora de matemáticas, necesitábamos un soplo de aire fresco. Espero que no tengas ninguna complicación con nuestra clase .
Oh, por favor... no importa que no tenga que lamerles el culo a los profesores desde el primer día.
- ¿Yo también lo espero, señorita...? -
Eres un dolor en el trasero, se llama dolor en el trasero.
- Ah, por favor llámame Giorgia - ella le sonríe, parpadeando como un búho.
- ¿Apellido? - el profesor la pone en su lugar, sorprendiendo a todos.
Giorgia suele trabajar con los profesores como le viene en gana y muchas veces sucede que caen en su trampa y le dan confianza, extraño que con él no sucediera. Giorgia también es muy hermosa, habría apostado por su coqueteo, tal vez ella también la habría invitado a conocerla más profundamente en la esquina del bar.
- Morello - responde Giorgia, no desanimada, nada ni nadie podrá jamás mellar su ego.
- Gracias por su bienvenida señorita Morello -
Salto cuando a Mati se le cae accidentalmente el diario al suelo y cuando está a punto de levantarse de la silla, el profesor la detiene y murmura – Lo haré –
Se inclina flexionando cada músculo debajo de su camisa y mi ojo corre para admirarlos a todos, sin querer observo su tonificado trasero presionando contra la fina tela de su pantalón y sigo sus largas piernas levantándose y dirigiéndose hacia el mostrador de Matilde.
Muevo mi mirada hacia sus manos que apoyan suavemente el diario sobre el escritorio. Tiene dedos viriles, bien cuidados y afilados, y venas hinchadas a lo largo del brazo que se entrelazan y desaparecen bajo la manga de su camisa.
Me encuentro pensando que son las manos más grandes y hermosas que he visto en mi vida. Odio que mi mente se apresure a imaginarlos en mi cuerpo, sus dedos clavándose en la carne de mis muslos, sus puntas tocando mi piel de gallina...
- ¿Extrañar? - Escucho el eco de una voz, pero es el codo de Angi el que me devuelve a la realidad.
Miro a la clase mirándome fijamente y al profesor mirándome con irritación, ¿me estaba diciendo?
