Capítulo 8
¡Mierda! ¡Tienes que dejar de usar este perfume!
¡Es jodidamente bueno!
- Hasta luego, princesa. - - Susurro, haciendo que la mujer a mi lado enderece su espalda, mientras Valerie se estremece al sentir mi suspiro en su piel, y luego se levanta de un salto en cuanto nota mi presencia, apuntándome con su dedo índice:
- No ... No- -empeces a tartamudear cuando se encuentra con mis ojos, mientras rápidamente pasa sus ojos claros por todo mi cuerpo, para luego traerlos de regreso a mis pupilas: - ¡ llámame con estos apodos! - -levanta su barbilla para parecer lo más amenazante y confiada posible, pero es más que ridícula en pijama y con las palomitas de maíz que aprieta contra su pecho, pero finjo una expresión confusa y molesta al mismo tiempo, para luego suspiro. :
- No me refería a ti. - -Digo con tono frío, acercando mis ojos a la morena a mi lado, cuyo nombre ni siquiera recuerdo, mientras dilata levemente sus pupilas oscuras, sin encontrar el coraje para decir una palabra.
Por el rabillo del ojo veo a Valerie mover sus ojos varias veces entre su amiga y yo, asumiendo una mueca de perplejidad y confusión al mismo tiempo, pero antes de darle la satisfacción de objetar le guiño un ojo a la tímida morena a dos milímetros de ella. rostro, para luego mirar a Valerie y darle la espalda, dejándola pensativa en medio de la sala con la punta de la nariz muy roja.
Reprimo una sonrisa de satisfacción cuando cierro la puerta detrás de mí, no sin antes escucharla gritar:
- ¡ Bien, vete! - -lo que sólo amplía mi sonrisa.
¡Perra malcriada!
La sonrisa muere en mis labios y da paso a una expresión seria cuando subo al coche:
- Tienes serios problemas de puntualidad. - -dice entre dientes, visiblemente tratando de contenerse, pero no escucho sus palabras y me apresuro a preguntarle:
- ¿ Cómo se llama tu amigo? - -Saco los ojos por la ventana:
- ¿Por qué? - -se apresura a preguntar, arrancando el auto y haciéndome poner los ojos en blanco ante su insistencia:
- Meredith. - -dice un par de segundos después, casi dándose por vencido y sabiendo ya la respuesta:
- Los quieres todos para ti. - -susurra inmediatamente después, mientras una sonrisa pícara aparece en mi rostro.
- Meredith. - -Me repito en voz baja, pasando mi lengua entre mis labios casi imaginando sentir su sabor en mi boca.
- No hagas nada estúpido. - -su voz es más distante que de costumbre, mientras lo veo bajar las cejas varias veces, pero todavía no lo escucho y lo dejo continuar:
- Es a Valerie a quien tienes que follar, no a ella. - -me amonesta, haciéndome poner los ojos en blanco y apretar la mandíbula.
Inclino mi cabeza hacia ella:
- Odio a esa mujer. - - susurro entre dientes, continuando inmediatamente después: - Me la imaginaba tímida. - - Admito, pasando mis dedos por mi cabello para recuperarlo, y luego llevo mis ojos nuevamente por la ventana.
- Te entiendo. - -suspira fuertemente, buscando un lugar libre para estacionar a su alrededor:
- Pero tienes que hacerle creer que estás interesado. - -agrega en el momento exacto en que abro la puerta y salgo del auto, disfrutando del sonido de la música fuerte que ya se escucha a lo lejos.
Sé que se preocupa por mí, pero nunca estuvo de acuerdo con mi plan. Es uno de esos hombres que respetan a las mujeres y nunca ha tenido el valor de engañar a una novia.
Él siente lástima por Valerie y no puede esperar a que termine toda esta pesadilla, lo entendí por la forma en que solo la mira fugazmente, nunca mirándola a los ojos o tratando de hacerse amigo de ella como inmediatamente le agradaron mis ex. , a pesar de que llevamos menos de dos días viviendo en esa casa.
- Ahora no quiero pensar en nada. - -Le doy una palmadita en la espalda mientras rodea el auto para unirse a mí, mientras empezamos a acercarnos a la villa del primo de Ian.
Miro a mi alrededor como si fuera la primera vez que vengo aquí, notando que nada ha cambiado, ni siquiera la estupidez de Jack:
- ¡ Aquí estás! ¡Te perdiste una pelea entre dos rubias! - -viene hacia nosotros con un vaso lleno del líquido que necesito en estos momentos.
Simplemente levanto una comisura de mi boca y pongo los ojos en blanco mientras el hedor a alcohol y drogas entra por mis fosas nasales, mientras él continúa gritando para que se escuche la música.
La única razón por la que vengo a sus fiestas es por las mujeres que él invita, tan sofisticadas y experimentadas que no entiendo qué hacen en las fiestas de este idiota.
Simplemente lo sigo, mirando rápidamente a Ian a mi lado, quien simplemente se encoge de hombros en señal de rendición.
Mi expresión se relaja cuando nos dirige hacia una mesa rodeada por una pequeña multitud entusiasta, pero entiendo el motivo de los gritos y silbidos sólo cuando mis ojos terminan en la chica recostada sobre la mesa, mientras un anciano que debe tener más de cincuenta años acerca sus labios arrugados hasta el vientre para agarrar una rodaja de limoncello.
Cuando mis ojos se posan en la piel pálida de la niña y la imagen de los brazos pálidos de Valerie se repite en mi cabeza, inmediatamente aparto mis ojos de la escena y me abstengo de alejar a este bastardo de la niña posiblemente menor de edad.
Doy la espalda a la mesa y doy un paso atrás para llamar la atención del camarero al otro lado del mostrador, levantando dos dedos en el aire.
- Enfriador de ron. -Ordeno y espero a que el vaso se deslice junto a mi mano sobre el mostrador, para luego girarme hacia la multitud que baila despreocupadamente.
Apoyo mi espalda contra el pilar cerca del mostrador mientras me llevo el vaso a los labios, agarrándolo con fuerza entre mis dedos mientras echo la cabeza hacia atrás.
Busco una mujer de mi edad que pueda responder a mis necesidades esta noche, y enderezo la espalda cuando siento que me observa una morena alta y esbelta a unos metros de distancia, pero cambio de opinión cuando me doy cuenta de que sus cabellos son rizado como el de Valerie.
¡Maldición! ¡Esa mujer está en todas partes!
Me alejo agitadamente de la pared, después de haber golpeado el fondo del vaso contra el mármol del mostrador, y me dirijo hacia la multitud, con la intención de agarrar del brazo a la primera mujer que pase y que no mire. No me gusta en absoluto, y me parece haber tomado la mejor decisión cuando veo a una rubia darse vuelta lentamente, quien amplía su sonrisa tan pronto como mis dedos rodean su codo.
La miro de pies a cabeza y me siento satisfecho al darme cuenta de que es tan alta como me gusta y con curvas en los lugares correctos, cubierta por la fina tela de un vestido negro.
Y siempre he tenido debilidad por el negro.
***
- ¿ Dónde terminaste? - -Pregunto con calma, esperando que responda tarde o temprano, pero al tercer timbrazo me rindo y apago el teléfono, volteándome hacia Jack que ya está a medio terminar.
- ¿Tu primo? - -Levanto mi barbilla, luchando por mirar sus ojos inyectados en sangre rodeados por una banda tan oscura que puedo apostar que terminará en el hospital por una sobredosis en media hora.
